Pasadizo secreto

Miraba sus sueños con vista cansada

miércoles, 24 de noviembre de 2021 · 09:25

Al entrar ahí al instante se apreciaba que el piso estaba hacia abajo, por lo mismo al cruzar la puerta si que costaba algo de trabajo, este era de tierra lo que no se adivinaba por fuera, la casa era mucho muy antigua y toda de madera, contaba con una pequeña ventanita angosta y alargada, por donde aquel viejecito miraba sus sueños con vista cansada.
En esa casita con techo alto los pájaros anidaban, ahí nacían crías todos los días por lo mismo gustosos cantaban, la madera de esa casa estaba tan desgastada, que ya no se apreciaba de ella su última pintada.
La tela de la única puerta que daba hacia el frente ya estaba algo razgada, pero la de la ventana se apreciaba muy bien cuidada, el numeral aun permanecía clavado hacia un lado, era de lámina rectangular con fondo azulado.
Adentro no tenía muchos muebles pues de espacio era ralo, sólo se miraba un añejado sillón sostenido con una piedra y un palo, la cama estaba junto a esa pequeña estufita en donde cocinaba paciente, la que al preparar los alimentos emanaba un calor casi ardiente.
En lo alto estaba un foco que guiaba unos cables cual víbora enrollada en el techo, el que para encenderlo se jalaba de un cordón hacia un lado no derecho, pero esa luz no se utilizaba por lo mismo no se prendía, al ser costoso ese novedoso servicio pues para pagarlo suficiente dinero no se tenía.
Entonces para aluzar por vieja costumbre se tenía una lámpara de piso y mano, si esa que contaba con un recipiente abajo, un cilindro de vidrio la que bien alumbraba al caer la noche y hasta muy temprano.
Esta utilizaba petróleo como combustible que emanaba fuerte olor, tenía en la parte de abajo un anillito como regulador, utilizaba mecheros que se adquirían en la tienda de la esquina, se compraban mas de cinco pues rápido se consume y termina.
La avenida por donde estaba ubicada la casa de don Anselmo, un viejecito en los 70 del siglo pasado, era casi una vereda cubierta de ya altos arbustos y ramas por todos lados, en ella se apreciaba sólo gente corriendo, platicando, jugando y otros sentados.
No era raro ver a don Anselmo en su triciclo el montarse, pedalear arduamente y seguir caminando al bajarse, causaba asombro ver al anciano de barba larga y pelo cano, trabajar arduamente su jornada cual si fuera un hombre joven, fuerte y sano.
Es difícil entender hoy en día, como es que le hacía la gente que en Nuevo Laredo en otros tiempos aquí vivía, pues ante la escasez de comodidades diariamente, su esfuerzo era inagotable por sacar su vida adelante, por eso será que el cansancio y lujos para ellos no era tema de importancia, al acompañarse de mucho esfuerzo y sacrificio, costumbres que hoy en día se mantienen casi a distancia.

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