De política y cosas peores

El toro semental

jueves, 25 de noviembre de 2021 · 09:25

Un amigo de Babalucas le dijo: “¿Ya sabes que Marcielano es pedófilo?”. “No se lo reproches -arguyó el tonto roque-. De vez en cuando a todos nos gusta ponernos una buena borrachera”... Acnerito, el hijo de doña Holofernes y don Poseidón, cumplió 18 años. Su madre pensó que el muchacho estaba ya en edad de saber ciertas cosas de la vida, y le pidió a don Poseidón que le hablara de lo que hacen las abejitas y los pajaritos. El genitor llevó aparte a su hijo y con él sostuvo el diálogo siguiente: “¿Recuerdas, hijo, la última vez que fuimos tú y yo a la ciudad?”. “Sí, ‘apá”. “¿Y recuerdas que en la calle nos abordaron dos muchachas muy pintadas que mascaban chicle y llevaban bolsas de chaquira, medias de malla y zapatos de tacón aguja?”. “Sí, ‘apá”. “¿Recuerdas que las llevamos al hotel?”. “Sí, ‘apá”. “¿Y recuerdas lo que ahí hicimos con ellas?”. “Sí, ‘apá”. “Bueno -concluyó don Poseidón-. Eso es lo que hacen las abejitas y los pajaritos”… Las socias del Club Gardenia invitaron al general Ote a su reunión mensual a fin de que les hablara de sus experiencias en la milicia. Manifestó él: “Les agradezco la invitación, señoras mías, pero me veo en la penosa necesidad de no aceptarla. Soy muy mal hablado, y temo que en el curso de la plática se me escape alguna palabra inconveniente, lo cual me apenaría bastante”. “No se preocupe usted, mi general -lo tranquilizó una de las señoras-. En vez de decir esa palabra diga usted: ‘metáfora’. Nosotras entenderemos”. Asistió, pues, el general a la reunión y narró una de sus experiencias de soldado. “Estaba yo en un pueblo del norte del país y conocí a una hermosa mujer. Tenía un busto espléndido, enhiesto y firme; una grupa como de potra arábiga; piernas torneadas y muslos que se adivinaban invitadores como puertas que se abrían para brindar placeres indecibles. Y ya no le sigo, señoras, porque nomás de acordarme de aquella mujer ya se me está levantando la metáfora”… En el aeropuerto, la muchacha se despidió con amorosos abrazos y apasionados besos del apuesto joven. Cuando el avión levantó el vuelo la muchacha rompió a llorar desconsoladamente. La bondadosa dama que iba a su lado le preguntó, solícita: “¿Lloras porque tu marido se queda y tú te vas?”. “No, -respondió la muchacha sin dejar de llorar-. Lloro porque ahora voy a mi casa con él”... Tirilina era una chica muy flaquita. Cierto día se tragó entera una aceituna, y cinco muchachos huyeron del pueblo... El toro semental de don Granjeno parecía más bien semestral. Se retrasaba de continuo en el cumplimiento de su misión generativa; mostraba una inexplicable indiferencia hacia las vacas, y eso que eran de la raza Holstein, fuertes de lomo, anchas de grupa y abundosas de tetamen. Recurrió don Granjeno a la inseminación artificial, pero las vacas rechazaron el procedimiento: a ellas les gustaba más a la antigüita. Llevó entonces al bovino con un veterinario, y éste le recetó al toro una pócima o brebaje. Le indicó al dueño: “Dele una cucharadita. Verá los resultados”. Hízolo así el granjero, y el efecto del medicamento fue asombroso: de inmediato el toro descubrió a las vacas, y a todas las cubrió en menos tiempo del que tarda en persignarse un cura loco. El desatado animal también descubrió a don Granjeno, y si éste se libró de sus ímpetus fue sólo porque alcanzó a saltar la cerca al tiempo que recitaba a toda prisa la oración: “San Antonio bendito, amarra a tu animalito”. Días después un vecino de don Granjeno le preguntó: “¿De qué estará hecha esa medecina?”. “No lo sé -respondió el vejancón-, pero a mí me supo como a tepache con canela y alcanfor”... FIN.

Otras Noticias