Mirador

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jueves, 25 de noviembre de 2021 · 09:25

Esa fotografía no estaba ahí, de eso estoy seguro.
-Y yo no la puse -juran y perjuran todos.
Apareció en el álbum no sé cómo ni cuándo. En esa hoja estaba solamente el retrato de Nolita, que así le decían a Manuelita de Ábrego, hija la menor de don Ignacio de Ábrego y Navarro, primer dueño que fue de la hacienda.
Nolita amaba a un hombre de Santiago cuyo nombre se olvidó. Don Ignacio prohibió el matrimonio, pues el pretendiente no tenía bienes de fortuna. Andaba buscando plata por el rumbo de Cerralvo, pero no había hallado más que piedras.
Nolita quedó soltera, pues. Se dedicó al cuidado de sus padres, y de sus sobrinos luego. Cuando lo del agrarismo se perdió la hacienda. Ella se fue a Saltillo, y ahí murió sola y pobre. No quedó más memoria de ella que aquel retrato desvaído en el álbum familiar.
La otra foto apareció al lado de la de Nolita. Es la de un caballero elegantemente vestido. Al fondo se mira un palacete, quizá su residencia, y el hombre apoya un pie en el estribo de un lujoso automóvil. Tiene en los labios una sonrisa irónica.
Esa fotografía no estaba ahí, de eso estoy seguro.
-Y yo no la puse -juran y perjuran todos.
¡Hasta mañana!...

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