De política y cosas peores

¡Tantéyese!

jueves, 30 de diciembre de 2021 · 09:13

Con motivo de la temporada navideña y del final del año, don Abdómero se despidió de todas las dietas que llevaba. Supo que la barriga habría de crecerle en tal manera que le estorbaría la vista de su parte de varón, de modo que le dijo cariñosamente: “Nos vemos en abril o mayo, linda”. Y es que no se iba a privar de los ricos manjares propios de estos días: los sabrosos tamales; los levísimos buñuelos; el pavo tradicional; el bacalao; los romeritos; más la variada pastelería, repostería y dulcería, con los vinos y licores que acompañan el disfrute de todos esos manjares. (“¿De cuál bebida le sirvo?” -le preguntaban a don Abdómero. Respondía: “De la que tengas más”). Bien sabía el señor que el exceso en el comer podía acortarle la vida, pero argumentaba: “Más vale un año de chiles rellenos que dos de atole blanco”. Y sostenía en materia de comer: “De lo bueno poco, y de lo poco mucho”. A consecuencia de esas filosofías epicúreas la barriga se le abultó rápidamente. Cuando algún metomentodo de los que nunca faltan le decía: “¡Qué panza la tuya!”, contestaba: “No es panza. Es callo sexual”. Le había salido, explicaba, de tanto frotar su vientre con el de las damas. Una tarde el barrigudo caballero iba por el parque y se cruzó con dos señoras. Una le comentó a la otra: “¡Qué panza la de ese hombre! Si estuviera en una mujer yo diría que estaba embarazada”. La oyó don Abdómero y le dijo: “Estuvo, señora. Y está”... Mañana viernes daré a las prensas “Los tres chistes más pelados del año”. Si los tórculos admiten esas tremendas badomías mis cuatro lectores podrán leerlas aquí el día mencionado... Un antiguo precepto de dialéctica -todos los preceptos son antiguos- postula que antes de discutir hay que definir. En mi caso debo definir antes de narrar. ¿Qué es un belduque? Es, en términos generales, un cuchillo. Hecha esa elemental definición puedo ya proceder a mi relato. El tío Laureano es uno de los más pintorescos personajes del norte de Coahuila. Sus hechos y sus dichos forman parte del rico anecdotario de mi estado natal. Cierto día iba con su esposa por la calle principal de su pueblo cuando al pasar frente a la plaza se toparon con un compadre que les preguntó dónde habían andado, pues una semana tenía ya sin verlos. “Fuimos a San Antonio, Texas a una boda -le informó el tío-. ¡Y qué boda!”. “¿Muchos invitados?” -inquirió el otro. “Calculo que más de 20 mil” -respondió el tío. El compadre, asombrado, aventuró: “Pos estaría muy grande el salón”. Contestó don Laureano: “Como de aquella sierra a aquella otra”. Nuevamente el compadre se sorprendió, y se preocupó la señora al oír las desaforadas hipérboles de su marido. Dijo el otro: “Ya me imagino el tamaño del pastel”. Volvió el tío la mirada hacia el kiosco de la plaza, como para buscar un punto de comparación. Antes de que hablara le sugirió su esposa: “Tantéyate, Laureano, porque luego no vas a tener belduque pa’ partirlo”... Cuatro mamás, las cuatro católicas devotas, hablaban con señalado orgullo acerca de sus respectivos hijos, miembros destacados de la iglesia. “El mío es cura párroco -dijo una con orgullo-. Cuando entra en algún sitio todos dicen: “¡Padre!”. “Mi hijo es obispo -dijo la segunda con ufanía mayor-. Cuando entra en algún sitio todos dicen: “¡Su Excelencia!”. Comentó la tercera con satisfacción aún más grande: “Mi hijo es cardenal. Cuando entra en algún sitio todos dicen: “¡Eminencia!”. Y dijo la cuarta con orgullo que nadie podía superar: “Mi hijo es punk. Usa ropa estrafalaria; está todo cubierto de tatuajes, incluyendo el rostro; lleva los pelos erizados y pintados de rojo, amarillo, verde, morado, café, anaranjado y azul. Cuando entra en algún sitio todos dicen: “¡Dios mío!”... FIN.

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