Apuntes desde mi casa

Mambo # 8 para Lorena

domingo, 5 de diciembre de 2021 · 09:12

La aureola que envuelve la presencia de Lorena es imposible de contar ni cantar. Hay que bailarla, rumbearla, caderearla moviendo la cabeza: derecha, izquierda, derecha, izquierda, pasitos cortos, brazos al aire: para acá, para allá: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8… ¡Mamboooo!!
Lorena bailaba mambo los domingos con las mejores orquestas de México que llegaban al Jardín Carta Clara. Era joven y forjada en alegría, su pierna izquierda herida por la polio nunca fue impedimento para transitar con prestancia.
Los lunes al mediodía nos mostraba los pasos que ejecutaba la noche anterior, mientras meneaba: ojos, labios, hombros, sonreía mostrando aquellos dientes blanquísimos, parejos, fotogénicos, en tanto a nosotros se nos derretían los ojos hasta el suelo, con admiración. ¡Qué bonita era nuestra nana!
Cantaba con tesitura de soprano cuando lavaba los pañales del bebé de la casa. Frente a ella, frente a su batea, mirábamos fluir el agua como un Danubio polifónico multiplicando pompas de jabón.
Cuando nos abrazaba, su olor a humo de leña quedaba impregnado en nuestros cabellos. Su voz podría haber musitado destinos esparcidos como sueños. Sus brazos podrían haber acogido un orfanato entero supliendo maternidades. Y sus manos, sus dedos callosos, sus ecuménicas manos, podrían bendecir, legítimas, todas las cabezas inclinadas en el mundo.
Lorena imaginada en metálicas trompetas, inventada en saxofones bajos, Lorena concebida en tambores y bongóes, germinada en maracas, rascabuches, encarnada en música, en orquesta, en Pérez Prado, en Mambo # 8, la más bonita en sus 92 años, con su fleco, sus lentes, su silla de ruedas.
LORENANA: segunda madre nuestra, permanente albergue sin fin.

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