Pasadizo secreto

De Nuevo Laredo ahí existió su otra historia

miércoles, 4 de agosto de 2021 · 08:13

Las ramas y los arbustos casi por completo lo tapaban, pero a los lados de su principal puerta unas grandes marquesinas aun se apreciaban, en ellas, aunque algo ya desfiguradas y maltratadas, los carteles de los espectáculos en su tiempo aun ahí se conservaban; quizás a alguien se le venga en recuerdo ese sitio, que de Nuevo Laredo ahí existió su otra historia.
Para llegar a ese lugar no había ninguna avenida, tan sólo era un estrecho y terregoso camino, casi sin vida; la calle con la que hoy hace crucero aun no existía, por lo mismo el andar hacia ese enorme edificio nada prometía.
Pero esos aventurados jovencitos y niños de aquellos posteriores tiempos, hacían de esa vieja edificación uno mas de sus muchos pasatiempos, entonces el lanzar piedras hacia lo alto en donde nadie asoma, emocionaba a todos el ver revolotear ahí a cada paloma.
Lo que hoy es Morelos y Anáhuac, justo en donde un centro escolar habita, era ese sitio exacto que en recuerdos hoy palpita, por todas sus características de antes y tangibles, se presume existió en esos tiempos un “burdel” por sus rasgos muy visibles.
Al final de los años setentas don Miguel cuidaba bien ese abandonado lugar, ahí su familia numerosa día a día por lo mismo se quedaba a pernoctar, éstos platicaban uno a uno y sin tanto enredo, que por las noches sucedían cosas extrañas que sí que daban miedo.
Noche tras noche la oscuridad llegaba cual si fuera solo una, en donde ese sitio era alumbrado solo por la naciente luna, por lo mismo don Miguel y su familia se acostaban muy temprano, sin embargo, cada uno en su separada habitación escuchaba algún ruido extraño.
Todos daban constancia de que al final del pasillo que conducía a la sala de baile con piso de madera, la música, gritos y pisoteos se escuchaban tan fuerte adentro, pero no afuera, al igual que abajo en la parte superior habían algunas habitaciones, en donde don Miguel a sus hijos e hijas dormía en el suelo a falta de colchones.
Solía contar don Miguel de ese sitio que el cuidaba, que en una ocasión un gringo a su hija que dormía atormentaba, le ofrecía el poder bailar con ella en esa noche, obsequiándole un bello collar con un enorme broche.
El grito desgarrador se escuchó por todo de ese entonces “burdel”, la jovencita imploraba la presencia de su padre -o sea don Miguel-, pálida estaba la niña y al a su padre su experiencia contar, de momento nadie le creía hasta ver incrédulos tirado sobre el piso aquel hermoso collar.
Las narraciones de apariciones, fantasmas y otras cuestiones, son y han sido por siempre en Nuevo Laredo temas de conversaciones, sin embargo, quienes de esas antiguas edificaciones fueron de estos extraños sucesos testigos, no dudan ni un instante en corroborar como hechos ciertos ante sus innumerables amigos.

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