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Presupuesto y cuento de los perritos

martes, 14 de septiembre de 2021 · 07:40

Enorme, en apariencia, resulta el monto presupuestal sugerido por el Ejecutivo para el ejercicio 2022 y dependerá de la Cámara de Diputados –única facultada por ley para estos menesteres– su modificación, aprobación tal cual o rechazo. Poco más de 7 billones de pesos (con un aumento de 8.6 por ciento en términos reales respecto del año previo) parece una catarata de dinero, aunque no hay que ilusionarse, puesto que una gruesa rebanada ya está “amarrada” y se destina a tres rubros específicos: pago de la deuda (terrorífica herencia del régimen neoliberal), nómina burocrática y pago de pensiones, que en conjunto consumen alrededor de 43 por ciento de dicho pastel.
El gasto público considerado en el presupuesto 2022 para cubrir esos tres rubros suma alrededor de 3 billones de pesos, con aumentos reales (descontada la inflación) de 4.8 por ciento en costo financiero de la deuda (incluye 30 mil millones por adeudos fiscales anteriores), 4.1 por ciento en nómina burocrática y 6.2 por ciento en pensiones. Los montos propuestos para esos tres rubros son de 821 mil 463.8 (fundamentalmente pago de intereses), 982,145.6 y un billón 172 mil 324.9 millones de pesos, respectivamente. Así, como en aquella canción de los perritos, de los siete que tenía ahora sólo me quedan cuatro, y descontando.
Sólo para dar una idea de lo que para el erario significa la terrorífica herencia neoliberal en materia de deuda pública –interna y externa– vale subrayar que para el pago de su servicio (del que 98 por ciento se destina a intereses) entre 2019 y 2022 (es decir, en el transcurso del gobierno de López Obrador) de las arcas nacionales han salido cerca de 3 billones de pesos para tal fin, sin que descienda el saldo del adeudo.
Un ejemplo concreto es el “rescate” bancario (Fobaproa) ilegalmente ordenado por el entonces inquilino de Los Pinos, Ernesto Zedillo, y “legalizado” (IPAB) por la mafia prianista en 1998 (justo el día de la Guadalupana). Sólo en el transcurso del presente siglo para tal fin se ha destinado alrededor de un billón de pesos. Nunca se ha dejado de pagar, pero el saldo del adeudo mantiene su tendencia alcista. Al cierre de junio pasado, sumó más de 973 mil millones, y contando.
Quienes no podrán quejarse son los gobernadores, quienes nunca hacen el menor esfuerzo por incrementar los ingresos de sus respectivos estados, pero siempre están prestos a extender la mano, por un lado, y endeudar a sus “representados”, por el otro. De acuerdo con la propuesta del Ejecutivo, en 2022 recibirán un billón 910 mil millones de pesos por concepto de participaciones y aportaciones federales, lo que representa un aumento de 4.8 por ciento, en términos reales, respecto de lo recibido en 2021.
Si se suman los cuatro conceptos referidos, de los 7 billones propuestos por el Ejecutivo sólo quedarían poco más de dos, de tal suerte que el –aparentemente– enorme Presupuesto de Egresos para el próximo año se reduce más y más. De hecho, de siempre se ha dicho en la Cámara de Diputados que en materia presupuestal el margen de maniobra es mínimo, pues del monto formulado, y tras asignar lo que ya está “amarrado” (como los renglones referidos), sólo queda por negociar una mínima parte, en un ejercicio similar al de la piel de zapa (saludos, Honoré de Balzac).
En vía de mientras, el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas señala que de acuerdo con las previsiones de la Secretaría de Hacienda, en 2022 los gastos obligatorios ascenderán a 4 billones 678 mil 198 millones de pesos, excluyendo el gasto de pensiones, pero si éstos se incluyen, el monto sumaría 5 billones 851 millones, siendo este último superior en 11.5 por ciento al gasto programable previsto para el año.
Al comparar los gastos obligatorios contra el gasto neto total, con pensiones quedaría un margen de un billón 237 mil 727.5 millones de pesos, equivalente a 17.5 por ciento del gasto neto total. Entonces, ¿realmente se trata de un presupuesto enorme?
LAS REBANADAS DEL PASTEL
Por cierto, aquel día de la Guadalupana de 1998, cuando le cambiaron de nombre al Fobaproa, un dirigente político y social denunció que los prianistas “resolvieron el problema de los banqueros a cambio de condenar a millones de mexicanos a la pobreza y el hambre”, mientras Ernesto Zedillo “actuó como un simple procurador para la defensa del capital financiero” y el PAN como “un partido conservador, retardatario y palero”. ¿Quién fue?

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