De política y cosas peores

Jamás toqué a mi mujer

jueves, 16 de septiembre de 2021 · 08:51

La linda chica y su novio fueron a una sala de tatuajes. La muchacha le ordenó al encargado: “Pónganos: ‘De ella’ y ‘De él’, ya sabe usted dónde”... Le informó el juez al acusado: “Ha sido usted declarado inocente del delito de bigamia. Puede irse a su casa”. Preguntó el sujeto: “¿A cuál de las dos?”... El Lic. Ántropo le comentó a un colega: “Logré que un señor de 80 años acusado de abuso sexual fuera declarado inocente. Ante el jurado demostré que la evidencia no se sostenía”... Dijo muy dolorido un futbolista: “Mi equipo me cambió”. “¿Y eso te apena? -trató de consolarlo un compañero-. A muchos jugadores su equipo los cambia por otros”. “Sí -admite el futbolista-. Pero a mí me cambió por dos balones”…”Antes de nuestro matrimonio jamás toqué a mi mujer”. Esa declaración moral le hizo don Castulio a su compadre Pitoldo. Repuso éste: “Mi caso es muy distinto. Yo sí hice eso. Pero entonces no sabía que ella se iba a casar con usted”... El relato que sigue habría sido objetado seguramente lo mismo por la señora Amy Vanderbilt, maestra del buen gusto, que por don Manuel Antonio Carreño, árbitro de la urbanidad y las buenas maneras... Aquel señor era de barba cerrada, tanto que al afeitarse le quedaban visibles los cañones en las mejillas. Los cañones son las raíces del pelo de la barba, ésas tan fuertes que no se quitan ni con la afeitada al ras. Fue con un barbero que le dijo: “Lo voy a rasurar en modo tal que lo descañonaré. Por favor métase en la boca esta bola de porcelana. Así la mejilla se redondeará y la rasura será más a fondo”. Objetó con inquietud el cliente: “Oiga, maestro: ¿y si me trago la bola?”. “No hay problema, señor -lo tranquilizó el fígaro-. Me la trae mañana, como hacen todos los que se la tragan”... En el velódromo el famoso ciclista daba vueltas y vueltas en torno de la pista, sin cansarse, pedaleando a toda velocidad en su biciclo. El amigo de Babalucas le dijo con molestia al badulaque: “Francamente, Baba, esto no es lo que yo tenía en mente cuando me dijiste que me ibas a llevar a ver las mejores piernas de la ciudad”... Una señora relató apenada y cariacontecida en la merienda de los jueves: “Pesqué a mi marido haciendo el amor”. Otra de las presentes la tranquilizó: “No te apures. Pienso que el 50 por ciento de las que estamos aquí pescamos a nuestros esposos usando el mismo método”... Casó Pirulina, muchacha pizpireta, con don Blandino, señor de edad madura. La noche de las bodas le dice ella: “-Blandino: ante el altar me desposé contigo para toda la vida, pero debes mostrar alguna”… Ya conocemos a Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. Su esposa le dijo: “Si me voy de este mundo antes que tú te pido desde ahora que vayas a mi sepelio en el mismo automóvil que mi madre”. “Está bien -masculló el tal Capronio-. Pero me vas a echar a perder el día”... Un médico le comentó a su amigo: “Le hice a mi esposa una operación de cirugía plástica”. “¿De veras?” -se interesó el amigo. “Sí -explica el médico-. Le cancelé todas sus tarjetas de crédito”... Un individuo se presentó en el Bar Ahúnda. Llevaba consigo un perro sato. “Te lo vendo -le dijo al cantinero-. Dame 100 pesos por él”. Para sorpresa del barman habló el can: “¡Cómpreme, señor tabernero! He aparecido en varias películas de Hollywood; estoy de novio con la perrita poodle de Kim Basinger, y los fines de semana hago tareas de espionaje para la CIA y el FBI”. “¡El perro habla! -exclamó boquiabierto el cantinero-. ¿Por qué lo vendes, y además tan barato?”. Respondió el otro: “Porque es muy mentiroso. Nada de lo que ha dicho es cierto”... Don Wormilio le contó a un amigo: “Jack Pelotas me golpeó en la cantina”. Inquirió el amigo: “Y ¿te vengaste?”. “Por supuesto -respondió el pequeño señor-. Si no me vengo me mata el muy cabrón”... FIN.

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