De política y cosas peores

Don Teofilito

miércoles, 12 de enero de 2022 · 13:54

Las noches de bodas se prestan a expansiones líricas que, pasada la luna de miel, difícilmente se repetirán. Generalmente es el novio quien busca establecer el derecho real de propiedad sobre los encantos de su flamante mujercita. En el tálamo nupcial Gerineldo le preguntó con voz melosa a Susiflor, su desposada: “¿De quién son estos ojos de esmeralda?”. “Tuyos mi amor”. “¿Y estas mejillas de rosa?”. “Tuyas, mi cielo”. “¿Y estos labios de púrpura?”. “Tuyos, mi vida”. Seguidamente el exaltado galán se dio un súbito bajón: “Y estas preciosas pompitas ¿de quién son?”. En este apartado la respuesta de Susiflor fue diferente: “Hayan sido de quien hayan sido, ahora son tuyas”... Don Bolito llegó feliz a su casa. Muy contento le dijo a doña Gorgolota, su mujer: “¡En el Club Filatélico me nombraron El Hombre del Año!”. “Me lo explico -respondió con tono ácido la doña-. El año estuvo de la jodida”... Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, y su esposo don Sinople estaban tomando el té en la sala cuando entró Nacia, la mucama, y le anunció a su patrona que se iba de la casa. “¿Por qué, Nacita?” -le preguntó doña Panoplia, que nunca le había dicho “Nacita” a la muchacha. Contestó la fámula: “Porque me pagan muy poco por lo que hago, y nada por lo que el señor me hace”... Famosísimo profeta fue Nostradamus. A San Malaquías se le consideró también supereminente augur. La Madre Matiana gozó en su tiempo prestigio grande de vidente. Nadie, sin embargo, iguala a don Teofilito en eso de vaticinar el porvenir. Su única tacha estriba en que sus predicciones son siempre pesimistas, como las de Casandra. Un ejemplo: “Fulano de Tal no me ha pagado el dinero que me debe”. “Ni te lo pagará, dijo don Teofilito”. Otro: “Mi novio me juró que se casaría conmigo, y no se ha casado”. “Ni se casará, dijo don Teofilito”. Este personaje del habla popular es, entonces, un arúspice al revés: generalmente los profetas anuncian lo que va a suceder; don Teofilito pronostica lo que no va a suceder... En su departamento Babalucas le preguntó con vehemencia a Pirulina: “¿Me permites que te haga el amor, Piru? ¿Me permites que te haga el amor?”. Respondió ella: “Otra pregunta idiota como ésa y me salgo de la cama, me visto y me voy a mi casa”... Ya conocemos a Afrodisio Pitongo. Es un hombre proclive a la concupiscencia de la carne. Invitó a don Castulio, compañero suyo de oficina, a ir con él a una casa de mala nota. “¡Uh, no! -rechazó la invitación el púdico señor-. Ni siquiera puedo acabarme lo que tengo en mi casa”. Propuso el salaz Afrodisio: “Entonces vamos a tu casa”... Leovigildo estaba muy enamorado de Loretela, pero sus finanzas no eran precisamente boyantes. Aun así se animó a pedirle que se casara con él. “Lo haré -repuso la muchacha- cuando tengas 100 mil pesos en el banco. No me gustaría empezar nuestro matrimonio en condiciones económicas difíciles”. Pasó un año, y Loretela le preguntó a su galán: “¿Cuánto tienes ya en el banco?”. Respondió Leovigildo, apenado: “325 pesos”. “Casémonos -dictaminó Loretela, cuyas amigas se habían casado todas en el transcurso de ese año-. Después de todo ya no te falta tanto”... Doña Balena, señora bastante robusta, por no decir que gorda (cuando se subía a la báscula el aparato gemía “¡Ay!”), decidió tomar clases de equitación a fin de adelgazar. Un mes después de practicar ese ejercicio alguien le preguntó a su esposo: “¿Ha bajado de peso tu mujer?”. “Ella no -replicó el marido-, pero el caballo ha perdido ya 65 kilos”. (Pobre animal. Va a quedar como el caballo de Gonela, citado por Cervantes, que sólo huesos y pellejos ha)... Un tipo le dijo a otro: “Compadre: su vecino anda diciendo en todos lados que su esposa -la de usted- grita mucho en el momento del amor”. “¿Cómo es posible? -se indignó el otro-. Ahora mismo voy a aclarar eso con mi mujer”. Le pidió el tipo: “De paso, compadrito, pregúntele por favor por qué conmigo nunca grita”... FIN.
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