Mirador

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jueves, 16 de junio de 2022 · 00:00

Me habría gustado conocer a doña Leonor María de la Ascensión de la Barrera y Contreras, condesa de Jibacoa.

Criolla riquísima, de Cuba, tenía en La Habana una mansión. A ella llegó en 1798 Luis Felipe de Orleans, desterrado de Francia por causas de política. Lo acompañaban dos de sus hermanos. Iban en el más penoso extremo de la necesidad. Doña María los acogió en su casa y los trató como príncipes que eran. Cuando siguieron su viaje ordenó a su administrador que secretamente pusiera mil onzas de oro en el baúl de cada uno.

Treinta años pasaron. Luis Felipe fue coronado rey. Por medio de un embajador mandó preguntar a doña María a cuánto ascendían en moneda francesa aquellas 3 mil onzas, con sus respectivos intereses. El rey de Francia quería pagar su deuda.

Respondió la dama cubana que ella no recordaba haber alojado en su casa a ningún rey. Se acordaba, sí, de tres jóvenes franceses que llegaron a su casa pobres y perseguidos. Ella los socorrió. Nada le debían; nada le tenían que pagar.

Me habría gustado conocer a la señora Leonor María. Era toda una señora.

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