Mirador

Mirador

domingo, 19 de junio de 2022 · 00:00

La veleta se cansó de que la gente dijera siempre:
-Es tornadizo como una veleta.
Decidió entonces dejar de ser tornadiza, y un buen día amaneció inconmovible.
Soplaron fuertes vientos provenientes de los cuatro rumbos cardinales, y la veleta permaneció firme.
Entonces sucedió algo que los observadores han encontrado interesante: la casa empezó a girar. Aunque increíble, el fenómeno se antoja lógico: si la veleta ya no giraba, algo tenía que girar.
Al paso de los días todas las veletas de la ciudad imitaron a su compañera: todas dejaron de girar. Y ahora, por consecuencia, todas las casas giran.
La gente de la comarca ya no dice:
-Es tornadizo como una veleta.
Ahora dice:
-Es tornadizo como una casa.
¡Hasta mañana!...

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