DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Provocación

viernes, 5 de agosto de 2022 · 00:00

“Anoche vi a tu esposa en una fiesta” -le contó un tipo a otro en el hotel. “No lo creo -opuso el otro-. Mi esposa no acostumbra ir a fiestas en mi ausencia. ¿Qué ropa llevaba?”. “Lo ignoro -replicó el tipo-. Me salí antes de que los invitados se volvieran a vestir”... Vivimos en un mundo en conflicto. Eso no debe extrañar: también Adán y Eva vivieron en un mundo en conflicto (lo de la expulsión del paraíso; lo de Caín y Abel). Parece que quienes pertenecemos al humano género somos pugnaces por naturaleza. No podemos vivir en paz de Dios. Era yo reportero de guardia en un pequeño periódico y llegó un individuo a poner una queja. Me dijo que era vendedor de paletas heladas, e iba a ofrecer su mercancía en las puertas de una escuela. “Ahí está otro paletero -me contó- , y cuando llego me lanza indirectas”. Le pregunté: “¿Qué clase de indirectas le lanza?”. Contestó: “Me dice: ‘¿Ya vienes otra vez, cabrón pendejo hijo de tu reputa, chingada y pinche madre?’”. Nos gusta meternos en problemas, como si no fueran suficientes aquellos que se meten en nosotros. Un sujeto se plantó en medio de la abarrotada cantina y declaró a voz en cuello: “Calculo que todos los que están aquí son una bola de culeros”. Ante esa significativa manifestación se hizo un profundo silencio en la taberna. Esa favorable circunstancia la aprovechó el majadero para repetir su teoría: “Calculo que todos los que están aquí son una bola de culeros”. En eso se puso en pie un hombrón de estatura gigantea, músculos de toro y puños como marros de herrador, y le propinó al declarante una formidable trompada del triple de caballaje que aquella con la cual Luis Ángel Firpo, gran boxeador de la Argentina, sacó del ring a Jack Dempsey, quien cayó sobre los periodistas, que lo subieron otra vez al encordado mientras un inmoral réferi alargaba la cuenta de los 10 segundos hasta 17. Eso sucedió en el Polo Grounds, de Nueva York, el 14 de septiembre de 1923, en presencia de 80 mil espectadores. La primera vez que estuve en Buenos Aires -aires muy buenos me han llevado varias veces a esa bellísima ciudad- fui en peregrinación personal al cementerio de La Recoleta, donde descansa Firpo, y le dije en voz baja a la estatua del púgil, que está frente a su mausoleo: “Tú ganaste, Luis”. Pero advierto que me he ido por los cerros de Úbeda, paraje que visito con frecuencia en mis escritos. “Calculo que todos los que están aquí son una bola de culeros”. Eso dijo aquel imprudente e impudente tipo. Uno de los parroquianos se puso en pie y le propinó al fantoche un puñetazo que lo lanzó a seis o siete metros de distancia y lo hizo venir al suelo echando sangre por los nueve orificios naturales de su cuerpo. Comentaba después el lacerado: “Bueno, después de todo no calculé tan mal. Sólo me equivoqué por uno”. La visita de Nancy Pelosi a Taiwán es una provocación semejante. Más parece propia del enloquecido régimen de Trump que de la morigerada Administración de Biden. Ese acto crea una nueva tensión entre Estados Unidos y China, tensión de cuyos efectos no puedo hacerme responsable. Lo dicho: vivimos en un mundo en conflicto. Ganas dan de decir lo que Cuco Sánchez dijo alguna vez: “Yo si he sabido no nazco”... Al empezar la fiesta de bodas el locutor anunció: “¡Ya viene la feliz pareja! ¡Recibamos con un aplauso, amigas y amigos, a la novia y su mamá!”... Lorelei, chica soltera, les dijo sin rodeos a sus papás: “Estoy embarazada”. “¡Cómo!” -exclamó compungida la madre. Manifestó, hosco, el papá: “El cómo ya lo sabemos. Lo que necesitamos saber es con quién”... He aquí los himnos que cantan los esposos católicos -ellos y ellas- en el curso de su matrimonio. El primer año de casados: “Vayamos jubilosos a la casa del Señor”. A los 25 años de casados: “Te ofrecemos, Señor, este santo sacrificio”. A los 50 años de casados: “Juntos como hermanos”... FIN.
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“Anoche vi a tu esposa en una fiesta” -le contó un tipo a otro en el hotel. “No lo creo -opuso el otro-. Mi esposa no acostumbra ir a fiestas en mi ausencia. ¿Qué ropa llevaba?”. “Lo ignoro -replicó el tipo-. Me salí antes de que los invitados se volvieran a vestir”... Vivimos en un mundo en conflicto. Eso no debe extrañar: también Adán y Eva vivieron en un mundo en conflicto (lo de la expulsión del paraíso; lo de Caín y Abel). Parece que quienes pertenecemos al humano género somos pugnaces por naturaleza. No podemos vivir en paz de Dios. Era yo reportero de guardia en un pequeño periódico y llegó un individuo a poner una queja. Me dijo que era vendedor de paletas heladas, e iba a ofrecer su mercancía en las puertas de una escuela. “Ahí está otro paletero -me contó- , y cuando llego me lanza indirectas”. Le pregunté: “¿Qué clase de indirectas le lanza?”. Contestó: “Me dice: ‘¿Ya vienes otra vez, cabrón pendejo hijo de tu reputa, chingada y pinche madre?’”. Nos gusta meternos en problemas, como si no fueran suficientes aquellos que se meten en nosotros. Un sujeto se plantó en medio de la abarrotada cantina y declaró a voz en cuello: “Calculo que todos los que están aquí son una bola de culeros”. Ante esa significativa manifestación se hizo un profundo silencio en la taberna. Esa favorable circunstancia la aprovechó el majadero para repetir su teoría: “Calculo que todos los que están aquí son una bola de culeros”. En eso se puso en pie un hombrón de estatura gigantea, músculos de toro y puños como marros de herrador, y le propinó al declarante una formidable trompada del triple de caballaje que aquella con la cual Luis Ángel Firpo, gran boxeador de la Argentina, sacó del ring a Jack Dempsey, quien cayó sobre los periodistas, que lo subieron otra vez al encordado mientras un inmoral réferi alargaba la cuenta de los 10 segundos hasta 17. Eso sucedió en el Polo Grounds, de Nueva York, el 14 de septiembre de 1923, en presencia de 80 mil espectadores. La primera vez que estuve en Buenos Aires -aires muy buenos me han llevado varias veces a esa bellísima ciudad- fui en peregrinación personal al cementerio de La Recoleta, donde descansa Firpo, y le dije en voz baja a la estatua del púgil, que está frente a su mausoleo: “Tú ganaste, Luis”. Pero advierto que me he ido por los cerros de Úbeda, paraje que visito con frecuencia en mis escritos. “Calculo que todos los que están aquí son una bola de culeros”. Eso dijo aquel imprudente e impudente tipo. Uno de los parroquianos se puso en pie y le propinó al fantoche un puñetazo que lo lanzó a seis o siete metros de distancia y lo hizo venir al suelo echando sangre por los nueve orificios naturales de su cuerpo. Comentaba después el lacerado: “Bueno, después de todo no calculé tan mal. Sólo me equivoqué por uno”. La visita de Nancy Pelosi a Taiwán es una provocación semejante. Más parece propia del enloquecido régimen de Trump que de la morigerada Administración de Biden. Ese acto crea una nueva tensión entre Estados Unidos y China, tensión de cuyos efectos no puedo hacerme responsable. Lo dicho: vivimos en un mundo en conflicto. Ganas dan de decir lo que Cuco Sánchez dijo alguna vez: “Yo si he sabido no nazco”... Al empezar la fiesta de bodas el locutor anunció: “¡Ya viene la feliz pareja! ¡Recibamos con un aplauso, amigas y amigos, a la novia y su mamá!”... Lorelei, chica soltera, les dijo sin rodeos a sus papás: “Estoy embarazada”. “¡Cómo!” -exclamó compungida la madre. Manifestó, hosco, el papá: “El cómo ya lo sabemos. Lo que necesitamos saber es con quién”... He aquí los himnos que cantan los esposos católicos -ellos y ellas- en el curso de su matrimonio. El primer año de casados: “Vayamos jubilosos a la casa del Señor”. A los 25 años de casados: “Te ofrecemos, Señor, este santo sacrificio”. A los 50 años de casados: “Juntos como hermanos”... FIN.
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