EN VOZ ALTA

#GarciaLunaNoSeToca

Escrito en OPINIÓN el

¡Tal cual! Es evidente que la gran mayoría de los medios nacionales e internacionales cuyos intereses atienden a los grandes capitales, a la oligarquía, y por tanto a la derecha conservadora corrupta e hipócrita, tienen como prioridad en su agenda la defensa a ultranza de uno de los emblemas más evidentes de la corrupción en nuestro país.

El súper policía, brazo derecho y artífice de la barbarie denominada “guerra contra el narco” de Felipe Calderón, que siempre se supo fue motivo de la urgente necesidad de legitimación tras su espurio arrebato del poder, Genaro García Luna, siempre fue un secreto a voces, jugaba un papel doble, de ataque a sólo ciertos cárteles de la droga, por un lado, y de protector, socio y cómplice del “Chapo” Guzmán, y de los Beltrán Leyva.

Está más que claro que este oscuro y siniestro personaje, quien de ser un simple analista en los sótanos del Cisen a director de la fallida Agencia Federal de Investigaciones, creada ex profeso por el tristemente célebre Fox Quezada, para engañar aún más a sus fieles seguidores, y que de ahí saltara en premio a la ignominia, a ser el secretario con más poder en el gabinete y hombre de todas las confianzas del presidente en el sexenio en donde se dispararan de forma exponencial las ejecuciones extrajudiciales con el fatuo “mátalos en caliente” como orden del comandante “Borolas”, no sólo es culpable de conspiración para introducir droga a Estados Unidos sino que es un traidor por pretender proteger a la ciudadanía mientras lo que hacía era proteger narcotraficantes.

Pues bueno, mientras todo esto ocurrió en México, no hace mucho y en la vida real, aunque suene a ficción, muy pocos se atrevieron a publicarlo en su momento, dejándose sentir un silencio cómplice de la mayoría de los medios de comunicación en aquel entonces, inclusive se supo, también como otro secreto a voces, que existió, no uno sino dos encuentros del presidente en turno, Felipe Calderón, primero, y Peña Nieto, después, con los dueños de las principales concesionarias de radio y televisión, en donde se acordó, entre otras cosas, que no se publicara nada relacionado con las masacres que ocurrían en el país, con el pretexto de no afectar la “marca” de México en el extranjero. Pues aquellos medios y columnistas que en su momento callaron ante la carnicería y la corrupción, son los mismos que hoy presentan como víctima a García Luna.

Todos al unísono, en un descarado nado sincronizado, al verse obligados a reportear tan siquiera algo del “Juicio del siglo”, optan, no sólo como estrategia para debilitar al actual gobierno, sino para justificar su silencio cómplice que acompañó al “Genarocidio”, por una narrativa de incredulidad ante los testimonios de los testigos que ha presentado la fiscalía de Brooklyn, por obedecer a un interés de reducción de sus penas cuando, al menos, los que se han presentado hasta ahora gozan ya de libertad, y por otro lado, presentan como una blanca palomita a uno de los personajes más corruptos y siniestros de la historia reciente de nuestro país. Apostando, repito, por el simple hecho de curarse en salud, a que este delincuente despiadado quede en libertad.

Lo bueno de todo esto es que, independientemente de lo que suceda en el juicio, constatamos una vez más quienes vuelven a traicionar a la Patria son los mismos que defienden que a #GarciaLunaNoSeToca.

ADENDUM

Y no nada más es eso, Garcia Luna, además de traicionar a su país asociándose con el crimen organizado, se enriqueció a base de sobornos y de la corrupción que existía en el ámbito de la seguridad mediante contratos corruptos con el gobierno de Peña Nieto.

Un total de 700 millones de dólares suman una serie de transferencias en paraísos fiscales que lo incriminan de manera directa mediante el lavado de dinero con empresas fantasma. Delitos no incluidos en el juicio que se le sigue en Nueva York, pero que tendrá que enfrentar de manera indiscutible en territorio nacional.

Y aun así lo sigue defendiendo la oposición al gobierno de la Cuarta Transformación.

¡Qué poca madre!