PERSONAJES DE MI PUEBLO

Juan Leonardo Sánchez Cuéllar

Escrito en OPINIÓN el

Bueno, si ayer en Cosas de mi Pueblo, hice mención de Paloma Bello de Sánchez Cuéllar, pues nobleza obliga y ahora hablaremos de su esposo, el Ingeniero Juan Leonardo. El ingeniero llegó al pueblo hace unos cincuenta y tantos años, como director del naciente Instituto Tecnológico Regional de Nuevo Laredo, así se llamaba entonces el Tec. Muy joven y recién casado, aquí nacerían después sus hijos Juan y Abril Mashenka. Al poco tiempo sería cambiado, pero afortunadamente, regresó nuevamente como director del Tec, ya en su nuevo edificio, el que ocupa actualmente. 

En muy poco tiempo le imprimió su muy particular sello de trabajo y el Tecnológico pasó a ser uno de los mejor evaluados del sistema, elevó su nivel académico, había mucha organización, disciplina, cumplimiento en el trabajo, todo era gran actividad, destacando hasta en el área deportiva. Los excelentes resultados de su trabajo harían que sus superiores se fijaran en él y fue llamado a ocupar la Dirección General de escuelas Técnicas, la DGETI. Cargo que ocupó también con gran éxito.

Estando en ese puesto, el secretario general de la delegación sindical del recién fundado CBTIS, el ingeniero Miguel Ángel San Miguel, requería de su intervención para resolver un conflicto sindical que aquejaba en la escuela, primero nos fuimos a Ciudad Victoria, pero no se resolvió nada, era necesario irnos directamente a México con el director de la DGETI. Nos fuimos casi con lo puesto y nos presentamos ante el Ingeniero Sánchez Cuéllar. Para nuestra sorpresa, fuimos recibidos inmediatamente nos abrió las puertas de su oficina de par en par.

Incluso nos puso una secretaria para que nos apoyara, nos orientó sobre los documentos y trámites que se requerían y como en esa época todavía no había los teléfonos celulares de ahora, nos puso una línea a nuestra disposición para comunicarnos a Nuevo Laredo. La verdad estábamos sorprendidos de tanta amabilidad y tan buena disposición. Sobre todo, porque el asunto era contra la parte oficial, sin embargo, el ingeniero Juan Leonardo se puso de parte de la razón y la justicia, que nos asistía y todo se resolvió a favor. Esa era la calidad humana del Ingeniero.

A partir de entonces se despertó en mí una profunda admiración y un gran respeto por el Ingeniero, por su sencillez y don de gente. Aquí es importante acotar, que, pese a su comisión en la Ciudad de México, el dejó su residencia y familia en el pueblo, al que venía siempre que podía, en otras ocasiones, sería su familia la que iría a verlo. Estando ya en el nivel directivo en que estaba, fue común y frecuente que fuera llamado a nuevas encomiendas, representante de la SEP en el Estado y otras similares, pero ya nunca dejó su residencia en el pueblo en el que se arraigó profundamente.

Hace algunos años fue nombrado Rector de la Universidad Tecnológica en la localidad, nuevamente imprimió su sello de trabajo y la UT alcanzó elevados niveles de calidad. En esa época tuve la oportunidad de trabajar en ella a invitación de un amigo.  No me presente con el Rector, pero el al enterarse que estaba laborando ahí, se presentó de pronto en mi aula, pidió permiso de pasar y se dirigió al grupo, ponderándome enormemente, cosa que me hiso ruborizarme, se me caía la cara de vergüenza. Imagínense un hombre del tamaño del Ingeniero, ponderando a un simple maestro de esa manera.

Hace unos meses, la maestra Juana Elia Puente, gran admiradora del Ingeniero, junto a Chevito Salas y sus hermanos, los cuales fueron vecinos del matrimonio y se ven como familia, le organizaron un muy merecido homenaje en el Tecnológico. La asistencia de los maestros ya jubilados, muchos ya de la tercera edad, algunos con bastón, corralitos y hasta en silla de ruedas, fueron a saludar al ingeniero en su homenaje, esa una gran muestra del cariño que supo sembrar el Ingeniero en su paso por el pueblo. No pudimos menos que enternecernos con esas muestras de afecto.

Y bueno con esas pinceladas y mal escritas palabras he tratado de darles a conocer, para quienes no lo conocían, al ingeniero Juan Leonardo Sánchez Cuéllar, a quien le debemos mucho en educación superior.