El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

25 marzo, 2020

¿30 millones de dólares?



El emblemático jugador de los Patriotas de Nueva Inglaterra,
Tom Brady, rechazó este sueldo por considerarlo como insultante para sus dotes.
Me hizo recordar cómo hace algunos años, Pelé dejó su equipo Santos, para irse
a jugar en el ya desaparecido equipo del Cosmos de Nueva York, donde terminó su
legendaria carrera como futbolista.

A pesar de contar Brady con 42 años –una edad muy avanzada
para un deporte tan exigente como el futbol americano-, no le faltará un equipo
que le contrate, por su experiencia y por ser un imán de taquilla. Tampa Bay resultó
ser el ganón en el negocio.

Pero para la mayoría de los mortales, les parecería
descabellado que una persona desprecie un sueldo así. Pero Brady sabe su valor
y sabe jugar sus cartas.

Y nosotros, ¿en cuánto nos valoramos? O bien, ¿cuánto lo
valora su familia? Aunque muchos de nosotros afirmamos que para nosotros los
hijos y los padres son lo que más valoramos, nuestro comportamiento hacia ellos
parece desmentirlo.

Con esta cuarentena que obligará a estar más tiempo con la
familia, no faltará quien opine que esta convivencia, puede provocar un
incremento en el ya demasiado alto porcentaje de divorcios, en el que los
estudios y el trabajo, parecían más un tiempo de descanso que una obligación
para muchos miembros de la familia que tenían en esas salidas sus “descansos”.
Para más gente de lo que nos imaginamos, se le teme más a esa reclusión.

Este es un tiempo, pues inesperado. Debe ser un tiempo de
conocimiento y autoconocimiento. No caigamos en la trampa de que sean las redes
sociales las que acaparen, aun más, nuestro valioso tiempo y nuestra atención.

Hace pocos días, el Papa escribió:

“Respecto al correr de los siglos y los milenios, estamos de
paso; ante la inmensidad de las galaxias y del espacio, somos diminutos. Somos
polvo en el universo. Pero somos el polvo amado por Dios. Al Señor le complació
recoger nuestro polvo en sus manos e infundirle su aliento de vida.

“Así que somos polvo precioso, destinado a vivir para
siempre. Somos la tierra sobre la que Dios ha vertido su cielo, el polvo que
contiene sus sueños. Somos la esperanza de Dios, su tesoro, su gloria.

“La ceniza nos recuerda así el trayecto de nuestra
existencia: del polvo a la vida. Somos polvo, tierra, arcilla, pero si nos
dejamos moldear por las manos de Dios, nos convertimos en una maravilla. Y aún
así, especialmente en las dificultades y la soledad, solamente vemos nuestro
polvo. Pero el Señor nos anima: lo poco que somos tiene un valor infinito a sus
ojos. Ánimo, nacimos para ser amados, nacimos para ser hijos de Dios.

“Queridos hermanos y hermanas: al comienzo de la Cuaresma,
necesitamos caer en la cuenta de esto. Porque la Cuaresma no es el tiempo para
cargar con moralismos innecesarios a las personas, sino para reconocer que
nuestras pobres cenizas son amadas por Dios. Es un tiempo de gracia, para
acoger la mirada amorosa de Dios sobre nosotros y, sintiéndonos mirados así,
cambiar de vida”.

Así pues, esta es una oportunidad. Espero que sepamos sacar
provecho aun de este infortunio. Esa es la diferencia del sabio que aprende y
del hombre común que maldice. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última
palabra.

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