El Mañana

domingo, 21 de abril de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

Desabasto

16 enero, 2019

Ha sido el tema recurrente en las noticias durante la semana y, según parece, también de la próxima, mientras miramos las gasolineras de la ciudad sin este problema y a un precio significativamente más bajo, sin filas y sin límite de venta, y suspiramos aliviados.
Sin embargo, tenemos otros significativos problemas de desabasto, muchos más dolorosos que el de la gasolina, y cuyas repercusiones son dolorosas y dramáticas, cuya solución no depende de Pemex o de ningún otro tipo de empresas, sino más bien, depende de nosotros. Y no precisamente de la billetera, sino de nuestra disposición para mejorar nuestra calidad de ser humanos.
En su primera audiencia del año, el Papa dijo, entre otras cosas:
“La ley no debe abolirse, pero necesita una nueva interpretación que la reconduzca a su sentido original. Si una persona tiene un buen corazón, predispuesto al amor, entonces comprende que cada palabra de Dios debe estar encarnada hasta sus últimas consecuencias. El amor no tiene confines: se puede amar al propio cónyuge, al propio amigo y hasta al propio enemigo con una perspectiva completamente nueva. Dice Jesús: ‘Pues yo les digo: Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos’.
He aquí el gran secreto que está en la base de todo el discurso de la montaña: sean hijos del Padre que está en los cielos. Aparentemente estos capítulos del Evangelio de Mateo parecen ser un discurso moral, parecen evocar una ética tan exigente que parece impracticable, y, en cambio, descubrimos que son sobre todo un discurso teológico. El cristiano no es alguien que se compromete a ser mejor que los demás: sabe que es pecador como todos. El cristiano sencillamente es el hombre que descansa frente al nuevo Arbusto Ardiente, a la revelación de un Dios que lo lleva el enigma de un nombre impronunciable, sino que pide a sus hijos que lo invoquen con el nombre de ‘Padre’, que se dejen renovar por su poder y que reflejen un rayo de su bondad para este mundo tan sediento de bien, así en espera de buenas noticias”.
Más adelante, el Papa cuestiona seriamente el comportamiento de los que nos llamamos creyentes:
“Hay personas que pueden tejer oraciones ateas, sin Dios y lo hacen para ser admirados por los hombres. Y cuántas veces vemos el escándalo de aquellas personas que van a la iglesia y se quedan allí todo el día o van todos los días y luego viven odiando a los demás o hablando mal de la gente. ¡Esto es un escándalo! Mejor no ir a la iglesia: vive así, como si fueras ateo. Pero si tú vas a la iglesia, vive como hijo de Dios, como hermano y da un verdadero testimonio, no un contratestimonio. La oración cristiana, en cambio, no tiene otro testigo más creíble que la propia conciencia, donde se entrecruza, intenso, un diálogo continuo con el Padre: ‘Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y después de cerrar la puerta, ora a tu padre, que está allí en lo secreto’.
Siempre habrá desabasto de sensatez y coherencia, recursos que, por lo que vemos, estamos poco dispuestos a aportar y más necesario que la gasolina, porque, si bien es cierto que el petróleo impulsa la economía, la sensatez y la coherencia impulsan lo mejor del ser humano, lo cual, da la fuerza a la persona y humaniza la economía, dándole la verdadera dimensión: la de lograr una mejor y más sana convivencia, y que nos hace ver los recursos naturales de la manera correcta; no a la explotación que la destruye con el derroche, sino a la correcta administración”.
Para proporcionar estos recursos, usted tiene la última palabra.
padreleonardo@hotmail.com

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