El Mañana

jueves, 18 de abril de 2019

Adolfo Mondragón
Personajes de mi Pueblo y del Otro Lado Adolfo Mondragón

29 diciembre, 2018

Acaba de pasar la Nochebuena y la Navidad, la noche no fue tan buena, o tal vez demasiado buena para algunos y por ende la Navidad fue de cruda. Es triste que en esto esté terminando una celebración que debe de ser de recogimiento y sobre todo de unión familiar, hemos perdido el sentido y el significado de la Nochebuena y la Navidad. Hace algunos días circuló en las redes, las “benditas” redes, un meme o caricatura en que ponen a Santa Claus acostado en el pesebre y al Niño Dios acostado en el suelo; sin palabras la simple imagen es todo un discurso, nos da una explicación completa y puntual de lo que pasa hoy.
Hemos sustituido la celebración del nacimiento del Redentor por un individuo imaginario y ficticio, que, si bien es la ilusión de los niños, hasta eso ha perdido el simpático viejo rechoncho de barbas blancas, ahora sólo es el proveedor de costosos regalos y juguetes ostentosos. Los padres de familia de clase media y los más humildes, no encuentran la manera de justificar la ausencia de los regalos solicitados, imposibles de adquirir, los ipad, las tabletas, los apple watch, etc. Hace tiempo que se omitieron en las cartas a Santa, los carritos y muñecas, los patines y bicicletas, ahora todo son gadgets y
juguetes electrónicos.
Lo grave es que como siempre los niños hacen comparaciones entre lo que les trajo su Santa y lo que les trajo a otros niños de mejor nivel económico. ¿Por qué Santa hace esas distinciones? El Niño Dios era más democrático y parejo, los juguetes eran muy similares en todas las clases sociales. Es muy grave que hayamos perdido el rumbo y el sentido y que estemos arrastrando en esta vorágine de consumismo a nuestros hijos, a los niños que mañana tomarán las riendas de la sociedad, ¿adónde la podrán conducir?, ojalá ellos recuperen el rumbo.
Es muy triste ver cómo muchos padres de familia se truenen los dedos angustiados porque no podrán satisfacer las demandas de sus hijos, todo significa dinero y lo que más escasea es precisamente el dinero, los sueldos son paupérrimos y el costo de la vida es cada día más caro, no sirve de nada trabajar dos turnos y que la madre salga también a la calle a trabajar, las demandas son imposibles de satisfacer. Algunos padres con mayor sentido común, les explican a sus hijos la realidad, la triste realidad y los hacen comprender, de esta manera sufrirán un poco menos, pero sus ojos se irán tras los objetos que no podrán tener.
Aún recuerdo, que cuando era niño, lo importante de la Nochebuena, era la reunión de familia, aunque la cena podía ser humilde, la mesa se vestía con las mejores galas, salían cubiertos y vajilla. Cenábamos en medio de chistes y anécdotas, la abuela acostaba al Niño Dios a las meras doce simbolizando su nacimiento, y nos mandaban a dormir para que llegara Santa Claus, sus regalos siempre nos causaron sorpresa y alegría, a veces eran más humildes, otras algo mejor, pero lo que fuera nos satisfacía, las expectativas no superaban con mucho lo que nos traían. La vida era así, sencilla y no la complicábamos, la aceptábamos como era.
Constantemente oigo las quejas, muchas más que justificadas de la pérdida de valores en los jóvenes actuales, siempre les digo que somos los adultos los que así los hemos educado, la forma en que celebramos estas pasadas fiestas de Navidad, nos dan un ejemplo de lo que hemos hecho, si hemos sido capaces de tumbar al Niño Dios del pesebre para acostar a Santa Claus, ¿qué podemos esperar? Seguiremos viendo las largas filas en las tiendas que nos venden las cosas más inimaginables e inverosímiles y nos hace creer en que son necesarias, pero antes ya predispusieron a los niños y jóvenes de que no pueden prescindir de ellas.
Tan fácil y bonita que era la vida sencilla de antes, cuando no necesitábamos teléfonos inteligentes (que nos están convirtiendo en idiotas), cuando esperábamos llegar a la casa para que la mamá nos dijera quién nos había hablado y regresar la llamada, porque nos sabíamos todos los números, no como ahora que están grabados y no somos capaces de recordar ni el propio; cuando platicábamos en persona dando la vuelta a la plaza o sentados en la refresquería o el café y no chateábamos con siglas. En fin, siento que estamos dejando ir cosas maravillosas cambiándolas por nada; ya dejamos ir la Navidad, seguirá el Año Nuevo.
Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo que haya pasado una muy feliz Navidad y que siga disfrutando del espíritu de estos maravillosos días en compañía de su familia.