El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

A dónde se va el tiempo

27 febrero, 2019

“Tengo tantas cosas tuyas en mi mente y muy adentro, que, de tanto pensar y pensar en ti, en ocasiones, no las encuentro”. – Mars

Hoy, nuevamente ha amanecido, he colocado la ollita con agua sobre la estufa, le agrego el café, algo de azúcar, en lo que voy y tomo mi taza de esa vitrina, no evito el rozar con mis dedos la tuya, esa que, aunque le faltara el asa, así te gustaba; la ebullición y el aroma de esa rica bebida ahí me retorna y me hace reflexionar el cuánto tardo en asimilar, en actuar, pues mi lento caminar contrasta y enormemente con ese fugaz momento y pienso, con tanta rapidez, a dónde se va el tiempo.

En la silla de esa enorme mesa me siento, ese mismo sitio en donde toda mi familia por ser el padre me indicaba, en donde uno a uno divisaba, en donde cerca y a mi lado por siempre te conservaba; con mi pie izquierdo jalo tu silla, a mí la acerco, pero ya no estás, ya no te encuentro.

Con mi escasa mirada recorro toda tu cocina, ya no veo nada, no huelo rico, las vasijas están todas acomodadas, las flores y plantas que se divisaban por la ventana, están marchitadas, ese reloj de gato que en un bingo te ganaras y que tanto te gustaba, ya no marca la hora, no mueve la cola, ni sus ojos me siguen con su mirada.

Casi me brotan las lágrimas, hago el esfuerzo y las evito, tan sólo se me humedecen los ojos, me coloco mis gafas, camino arrastrando mis pies por ese gran pasillo de esta vacía casa, me detengo al instante, pues no escuché ese anhelado regaño: “¡Viejo limpia la mesa, acomoda la silla, levanta tu taza!”.

Me inclino y el peso de inmediato me gana, el sillón de la sala es mi cómplice de tarde, noche y mañana, me acomodo y no evito otra vez el voltear a ver esa tu libreta preciada, la tomo con ambas manos, la acaricio, la hojeo una y otra vez, admiro tu letra, tus apuntes, tu historia ahí dejada.

Veo esos cuadros, estáticos recuerdos que ya no me dicen nada, las puertas ni se mueven y las ventanas por siempre están cerradas, por lo mismo y con algo de rabia me pregunto: ¿qué sucede en esta casa?, ¿cómo es entonces que el tiempo entra, y tan pronto pasa? Trato de cerrar los ojos, no puedo dormir, veo en la pared de nuestra recámara aún colgada esa foto de ti, por igual ese cuadro que en la kermés compraras, y del que aún diviso esas hoy irónicas palabras tan bien enmarcadas: “Juntos por siempre y para toda la eternidad”.

Queda claro que por algo se dice que el matrimonio es algo muy sagrado, pero cuando ese triste momento llega, cuando el tiempo termina con esa unión sí que es muy doloroso; invaden entonces y de tajo esos recuerdos, esa inevitable soledad, por lo mismo el corazón palpita en demasía, comienza ese será divagar, reflexionando, meditando y pensando: tengo tantas cosas tuyas en mi mente y muy adentro, que, de tanto pensar y pensar en ti, en ocasiones, no las encuentro.