El Mañana de Nuevo Laredo

Laura García

En el G7

Laura García

30 septiembre, 2019

AD Astra: Hacia las Estrellas



Desde que el ser humano desarrolló una conciencia y una necesidad de comunicar cosas que iban más allá de aspectos meramente instintivos o fisiológicos, lo cual dio en si origen a la necesidad del arte mismo, puedo imaginar que desde entonces ha mirado al cielo con fascinación y añoranza. Podríamos entonces decir que el descubrimiento del microcosmos fue lo que dio origen a la eterna fascinación por el macrocosmos.
Cada hombre en la tierra alberga dentro de sí un universo, por eso no es de extrañar que los mejores filmes que tratan acerca del espacio exterior tengan siempre, en mayor o menor grado, un enfoque emocional humano, una lucha interna constante de estos viajeros del espacio que por más lejos que lleguen en el universo nunca pueden escapar de su humanidad.
“Ad Astra: Hacia las estrellas” (Ad Astra, Dir. James Gray, 2019) es un ejemplo más de esta tendencia, que sin embargo logra expresarse con voz propia. En un futuro no muy lejano en el que los viajes comerciales lunares y la colonización de Marte son una realidad, la tierra está siendo amenazada por una ola de descargas eléctricas que aparentemente tienen su origen en un distante punto del sistema solar. El astronauta Roy McBride (Brad Pitt) es enviado por SpaceCom, la organización estadounidense encargada de los asuntos espaciales en E.U.A., en una misión para tratar de establecer comunicación con su padre Clifford McBride (Tommy Lee Jones), un aclamado astronauta del que no se tienen noticias desde hace más 16 años, luego de ser enviado a Neptuno con la misión de buscar vida inteligente, y cuyo último punto de localización se ha detectado como el aparente origen de dichas descargas.
“Non est ad astramollis e terrisvia”, frase del filósofo romano Séneca que en español significa “No hay camino fácil de la tierra a las estrellas”, que indirectamente inspiró el título de esta película de manera muy atinada, ya que justo esa frase puede usarse para resumir esta historia, que nos lleva por el estrepitoso viaje de su protagonista para encontrarse a sí mismo a través de la búsqueda tanto física como espiritual de su padre. Y es que este es un viaje introspectivo; como todas las historias de astronautas el alcance de los horizontes más lejanos no es más que una representación de un viaje interno por el que tienen que pasar, y en el caso de nuestro protagonista ese viaje conlleva un análisis de emociones fuertes reprimidas por años y el reconocimiento de miedos albergados desde el pasado. El eterno miedo de convertirse en el padre, miedo a que las heridas más profundas y a la vez imperceptibles sean las que definan la vida completa.
Este enfoque puede hacer parecer lento el ritmo de la película, pero es gracias a una sobria y convincente actuación de Brad Pitt que logramos mantenernos enganchados a la historia hasta el final. Este ritmo lento además es contrarrestado por pequeñas dosis de acción, que de no haber sido manejadas correctamente pudieron haber hecho que el tono de la película perdiera sentido; afortunadamente no fue así. Su inclusión sólo agrega una personalidad más llamativa a la película.
Creo que la elección de la narración con voz en “off” es uno de sus aciertos más grandes, ya que nos permite sentirnos junto al protagonista deslindados de lo que nos rodea, encerrados en sus pensamientos. Esto aunado a la hermosa fotografía y escenarios impresionantes nos dan la misma sensación de estar leyendo un libro del maestro de la ciencia ficción RayBradbury. Al igual que en las novelas más representativas del famoso escritor, en esta película llega un punto en que la ciencia ficción, los mundos increíbles que rodean a la historia, pasan a ser sólo un accesorio de ella, y las conciencia y emoción humana se convierten en nuestro interés primordial. La representación de un mundo en el que la exploración lunar nunca se detuvo, y la exploración del sistema solar nos ha llevado a los mismos límites de él recuerda mucho también a la naturalidad con que este escritor podía pintar estas realidades como sumamente posibles.
Si bien tiene demasiadas similitudes técnicamente con obras mayores como “Solaris” (1972) y más recientemente “Gravedad” (2013), al ser distinta la fuente del conflicto emocional, eso le brinda personalidad propia. Tal vez no se trate de una obra maestra del género, pero sí una muy digna de verse; y no solo para quienes disfrutamos de ver realizado en pantalla mundos exteriores que hasta ahora sólo podemos imaginar, sino para quienes sabemos que cada persona es un cosmos que vale la pena descubrir.

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