El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

6 noviembre, 2019

¿África, Tamaulipas?



La noticia no provenía de un país africano. Los doctores y
enfermeras veían cómo la vida se escapaba a una recién nacida, a causa de una
severa desnutrición, algo que, afortunadamente no ocurre hace muchos años en la
ciudad, afortunadamente, recordándonos que la desnutrición es una realidad.
¿Culpa de los padres? ¿Culpa de la sociedad? No lo sabemos. La nota es muy
escueta como para dar un juicio, pero deja entrever el injustificable descuido
de quienes debían proteger a esta creatura.

Sin embargo, existe otro tipo de desnutrición más
destructivo que el que acabó con la vida de esta pequeña. A pesar de la
cercanía que tenemos unos con los otros, es fácil percibir la indiferencia y el
desinterés que sentimos hacia los demás. O peor aun, nuestra incapacidad para
pedir ayuda a otros, o exigir que otros solucionen los problemas que uno mismo
puede resolver con su determinación.

En el mes de enero pasado, el Papa escribió:

“¿Cómo es posible que, en el mismo momento de la historia
del mundo en que los recursos económicos y tecnológicos disponibles nos
permitirían cuidar suficientemente de la casa común y de la familia humana -honrando
así a Dios que nos los ha confiado-, sean precisamente estos recursos
económicos y tecnológicos los que provoquen nuestras divisiones más agresivas y
nuestras peores pesadillas? Los pueblos sienten aguda y dolorosamente, aunque a
menudo confusamente, la degradación espiritual -podríamos decir el nihilismo-
que subordina la vida a un mundo y a una sociedad sometida a esta paradoja. La
tendencia a anestesiar este profundo malestar, a través de una búsqueda ciega
del disfrute material, produce la melancolía de una vida que no encuentra un
destino a la altura de su naturaleza espiritual. Debemos reconocerlo: los
hombres y mujeres de nuestro tiempo están a menudo desmoralizados y
desorientados, sin ver. Todos estamos un poco replegados sobre nosotros mismos.
El sistema económico y la ideología del consumo seleccionan nuestras
necesidades y manipulan nuestros sueños, sin tener en cuenta la belleza de la
vida compartida y la habitabilidad de la casa común.

“Participen en la reflexión sobre los derechos humanos, que
son un punto central en la búsqueda de criterios universalmente compartidos.
Está en juego la comprensión y la práctica de una justicia que muestre el rol
irrenunciable de la responsabilidad en el tema de los derechos humanos y su
estrecha correlación con los deberes, a partir de la solidaridad con quien está
más herido y sufre.

Debemos reconocer que la fraternidad sigue siendo la promesa
incumplida de la modernidad. El aliento universal de la fraternidad que crece
en la confianza recíproca parece muy debilitada -dentro de la ciudadanía
moderna, como entre pueblos y naciones-”.

Cuando nuestra conciencia y nuestra inteligencia no está suficientemente alimentada, sino que, más bien vivimos envenenándola, descubrimos una humanidad debilitada y desnutrida, incapaz de cuidarse a sí misma. Alimentémonos de lo mejor de la humanidad y salgamos de esta desnutrición, pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

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