El Mañana de Nuevo Laredo

Miguel Rodríguez Sosa

Pasadizo Secreto

Miguel Rodríguez Sosa

24 marzo, 2021

Ahí subsiste una historia de recuerdos



Del viejo Nuevo Laredo aún asoman casas antiguas por esos lugares, los trazos de las calles y avenidas son por igual irregulares, el progreso aún no ha dado pie a edificios modernos, pero cuenta con un sitio en donde ahí subsiste una historia de recuerdos.
Aunque raro parezca las vías del tren separan del oriente al poniente ese gran bullicio, el centro de la ciudad ha quedado lejos al caminar cual si fuera un ejercicio, sin importar ese gran esfuerzo es de reconocer, que vale la pena ese emblemático lugar el recorrer.
De otras épocas este sector sí que estaba de la ciudad muy retirado, el monte y arbustos era la vista de paseantes de lado a lado, no existían puentes elevados para a ese sitio llegar, por lo mismo no había de otra más que caminar y caminar.
Sin embargo y con el correr de los años, se ha llenado de familias de lugares aledaños, esto sin importar lo que ahí está establecido, por lo mismo esa colonia mucho sí que ha crecido.
Entre los habitantes de antes el temor al caer la noche se hacía presente, pero al transcurrir los años poco a poco ese sentimiento en ellos ha quedado ya ausente, y aun se viva a unas cuantas cuadras o colindar con barda a barda, de ese sitio ni los niños, niñas o adultos hoy ya nadie se acobarda.
Los tupidos árboles le dan un aspecto como si fuera un parque, la barda alta no permite ver bien ese tan limitado enmarque, pero se aprecia que es de un estilo muy antiguo su acceso principal, el gran portón de dos hojas de hierro forjado que dice Panteón Municipal.
Tan sólo el poner un pie dentro de ese camposanto se acaban los ruidos, el cuerpo entero se estremece agudizándose y totalmente los sentidos, de inmediato se perciben inscritos nombres de personajes pasados y presentes, por igual se aprecia que conviven tumbas de humildes y pudientes.
¡Disculpe muy estimado y respetable caballero!, veo cómo es que ha fijado su vista aquí con un gran esmero, he de reconocer que muy pocos en los últimos tiempos han venido a visitarlo, perdone mi irrespeto por de esta forma a usted el abordarlo.
Es mi deseo externarle que él admiraba mucho a mi General, era mexicanísimo y de un gran patriotismo sin igual, ¡mire!, observe su tumba y lea su epitafio por favor, por su don de gente, honorabilidad y gratitud de su vida hizo una gran labor.
¡Oiga siñor! ¿Pos con quién estaba tan diplomáticamente platicando?, sabe desde aquí solito yo lo estaba “devisando”, puedo asegurarle que a mí no me engañan estos ojos pizpiretos, le aseguro que era alguien importante por sus ademanes y gestos, de usted por igual muy concentrado yo lo notaba, clarito pude adivinar que conversaba con una persona muy fina y educada.
Efectivamente buen mozo y le pido no cambie su semblante, él portaba brilloso calzado, sombrero de copa, polainas y monóculo elegante, y refería haber pasado mucho tiempo sin tener un visitante.
¡Disculpe! Señor hey no corra y no me deje aquí hablando solo, regrese, oiga ¡venga! ¡Cálmese! Yo aquí lo controlo, ¡entiéndame!, del miedo no quiero ser su emisario, pues todo no es más que de esos personajes antiguos de Nuevo Laredo mi personal imaginario.

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