Sentir Cívico

Álvaro Morales

27 octubre, 2020

AMLO, duro y a la cabeza



Larga fue la espera para que Andrés Manuel López Obrador, ahora como Presidente de México, visitara esta ciudad fronteriza. Por dos años esperamos, varias veces nos quedamos con las ganas de recibirlo, hasta que los tiempos se acomodaron para su visita. Desafortunado fue entonces que la pandemia del Covid-19 interfiriera con esta visita.

Sería un evento privado, mero protocolo de inauguración y entrega de obra. Cuatro en el templete, pocos medios acreditados y un puñado de asistentes sentados a más de 10 metros de distancia. No más. Se mantuvo, por parte de Presidencia, la información con recelo, fue hasta la tarde previa cuando por fin confirmaron a los medios acreditados el lugar y la hora. Una y otra vez ha pedido el Presidente a la gente no acudir a estos eventos por la salud de todos. Pero la vanidad del Gobernador y Rivas no tienen límites. 

Poco a poco fueron llegando funcionarios municipales y estatales, después camiones con acarreados que traían la consigna de aplaudir al Gobernador. Se reportó que a algunos se les ofreció hasta $500 pesos por asistir en apoyo al PAN. Al fin y al cabo es lo que a Cabeza de Vaca le gusta, alimentar su ego y vanidad. Pero no esperó nunca la cachetada con guante blanco que le dio el Presidente.

El discurso de Pancho García Cabeza de Vaca fue largo, repetición en su mayoría de lo dicho en Reynosa hace unos meses. Pedía mayor presupuesto, hablaba del agua, se vanagloriaba. Pasaron 10 minutos, pasaron 20, y su discurso cínico, repleto de mentiras, continuaba. Más presupuesto… ¿Para qué? En los cuatro años de Cabeza de Vaca no ha hecho en Nuevo Laredo ni la mitad de las obras y derrama económica que ha hecho el Gobierno Federal tan sólo en un año. Somos un Estado opaco en el manejo del presupuesto, con gastos excesivos. ¿Y quiere más dinero?

Aún así, el Presidente no cayó en las injurias de Cabeza, fue conciso, franco: “Es público y notorio, es del dominio público que tenemos diferencias con el Gobierno del Estado”. Fue duro y a la cabeza. Expresó su disgusto por el cúmulo de personas que sólo ponían en riesgo su salud y dijo que a pesar de las diferencias con el Gobernador, él iba a trabajar por los tamaulipecos. En menos de 5 minutos, con elegancia y sin necesidad de acarreados o falsas arengas, el Presidente desarmó el discurso fingido y mentiroso de Pancho García.

Alumnos y maestros de la UAT, quienes no llevan clases presenciales, sino virtuales, para no arriesgarse al contagio, acudieron al evento arriesgándose a enfermarse, sólo para gritar porras a Pancho García. Un grupo de personas acarreadas estaba tan confundido que empezaron a gritar “Moyo Gobernador”. A otro grupo le llamaron la atención porque se resistía a increpar al Presidente. Esto sólo algunas de las ironías de lo ocurrido el domingo con el acarreo panista.

La realidad es que el Gobierno Federal, en un año, ha hecho mayor cantidad de obra pública en Nuevo Laredo que la que ha hecho el Gobierno Municipal y Estatal juntos en el mismo periodo de tiempo. Y lo cierto es que ha sido más palpable el beneficio del apoyo federal en vivienda, obra pública y apoyos sociales que los del Gobierno Municipal y Estatal en su conjunto. ¿Entonces para qué quieren más presupuesto? ¿Robárselo? ¿Para suburbans nuevas como las que ya trae Rivas? ¿Para sus viajes personales? ¿Para ampliar sus casas? ¿Para comprar ranchos? 
El Presidente puso las cartas sobre la mesa. Hay problemas, sí, pero también hay mucho pueblo por el cual trabajar, aunque un patán sea el Gobernador y un títere inútil nuestro alcalde.

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