El Mañana

jueves, 27 de febrero de 2020

Padre Leonardo López Guajardo
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Andy

11 diciembre, 2019

Su nombre era muy desconocido a principios de este año, pero
la sorpresiva victoria que tuvo por el título de campeonato de los pesos
completos, le dio, no solamente fama instantánea, sino varios millones de
dólares. Andy Ruiz fue felicitado hasta por Silvester Stallone.

El campeón destronado lo volvió a retar, se puso en la mesa
una suma millonaria y Andy le concedió la revancha. La pelea fue hace pocos
días y fue derrotado por decisión unánime.

Después de la pelea, Andy aceptó que no se había preparado.
Llegó con 7 kilos de más con respecto a la otra pelea, reconoció que durante
tres meses, su vida transcurrió entre fiestas y viajes. Durante su visita a
México, no le faltaron homenajes. Además, sus familiares más cercanos vieron el
derroche de sus ganancias, por lo cual, el resultado era previsible.

A pesar de eso, pudo soportar los doce rounds ante un
exponente ansioso de recuperar su corona, por lo cual, es fácil imaginarse que
si hubiera estado preparado, probablemente no hubiera perdido un título. Esa
fue la gran diferencia entre Joshua, su rival, y él.

Algo parecido nos ha pasado con la aparición de la Virgen de
Guadalupe. Su aparición es el festejo más multitudinario en el país, para
asombro de muchos intelectuales, quienes critican agudamente a esta devoción. Y
muchos devotos son capaces de extraordinarios sacrificios, caminan cientos de
kilómetros sin más motivación que su fe en ella.

Desafortunadamente esta preparación ha sido para muchos un
evento superficial que no ha cambiado su vida. Es vergonzoso ver cómo los
grupos antisociales más violentos, veneran su imagen y el comportamiento de sus
fieles, deja mucho qué desear en su comportamiento ético, familiar y religioso,

Como Andy, no basta tener la capacidad como boxeador, sino
también en su disciplina. Tampoco muchos de nosotros, no podemos quedarnos en
una emoción que no es capaz de trasformar la vida.

Nos preocupamos por tener una imagen de calidad de la
Virgen, pero no lo hacemos por tener una mejor calidad de humanidad. Es triste
constatar que muchos hombres y mujeres que se definen como guadalupanos, tienen
una manera de vivir que ofende esta devoción. Un guadalupano mediocre como
persona y en sus responsabilidades, nunca será un buen guadalupano, sino una
caricatura de mal gusto de esta devoción.

No podemos olvidar también el aporte cultural que marcó este
acontecimiento. Durante los tres siglos que duró el virreinato en nuestro país,
era la fiesta que daba cohesión al pueblo. Era el símbolo que unía a los
pobladores de la Nueva España. Esto lo entendió muy bien don Miguel Hidalgo… Y
también los realistas.

Hoy podemos imaginar a la Virgen al lado de las mejores
causas del país que remedian las miserias penas y dolores, causadas en muchas
ocasiones por quienes piensan que la veneran. Así que hagamos a un lado a la
devoción que ofende su culto y que tantos detractores critican con justificada
razón. Corrijamos el rumbo: sintamos orgullo por ser guadalupanos y
demostrémoslo con una coherencia de vida como humanos y como católicos. Pero en
ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com

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