El Mañana

martes, 23 de abril de 2019

Jorge Santana
Desde el otro lado Jorge Santana

Apágale a la estufa que se me queman las tortillas

23 marzo, 2019

Algo le pasa al tiempo. El tiempo ya no es el mismo tiempo de hace tiempo, las horas son rápidas como si supieran a dónde van, pero no lo saben. Curioso es que los recuerdos son lentos, cuando recordamos los minutos se arrastran, recordamos y todo pareciera detenerse al perder la mirada, pareciera que el pasado fue grabado en cámara lenta. Todo se hacía con calma antes, ese elote preparado con queso y chile de la infancia se mordía lento, eran tiempos sin prisa. Pero el presente se va, se filtra entre las grietas hasta que desaparece y no sabemos a dónde se fue. Algo le está pasando al tiempo, al clima, a todo pues. Hay que rescatar a la lentitud de los depredadores. Rescatar a la lentitud del trabajo; de los pendientes, del teléfono, de la prisa voraz que nos traga. Lo único que no debe hacerse lentamente es beber una copa de vino y darle la primera mordida a una rebanada de pastel de fiesta. Lo demás puede esperar, debe esperar. Hay banquetas arboladas que deben caminarse despacio, hay conversaciones que deberían parecer eternas, hay personas que nunca deben irse. Hay noches que no deberían ser sometidas al tiempo, hay canciones que nadie protestaría si duran más de tres minutos. Hay cosas rápidas, sí, que siempre deberían de ser rápidas, como los discursos políticos, la queja de tu vecina sobre el ladrido de tu perro, las filas de los bancos, el tiempo en que tardan los tacos de barbacoa, los lunes, hay cosas rápidas. Hay que sentarnos querido lector, como a eso de las 7pm, sentarnos en el patio a esperar la noche, pero sin esperarla, sin mirar la hora, sólo dejar que llegue en el momento que ella quiera. Hay que darnos gota a gota, no de un jalón, hay que detenernos, aunque descarrile nuestra rutina, detenernos a oler las rosas, dice un famoso dicho. Ya tuve mucho del tiempo sin tiempo, de no saber a dónde se fue el día, me harta pronunciar ese cliché de -en un abrir y cerrar de ojos se fue la vida-. Tomé la decisión de llevármela más despacio, voy a sentarme en medio de las horas y no dejaré que pase nadie, aunque me griten. Voy a salir al porche cuando llueva y ver cómo se apaga lenta la lluvia. Haré todo lo necesario para irme apagandomás lento, por detener lo más posible, ese soplo inevitable que habrá de apagar la mecha. En fin, no nos queda de otra. jorgesantana1@gmail.com

Desde el otro lado Jorge Santana

Quisiera