El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

29 abril, 2020

¡Apatzingán!



Un pueblo de Michoacán, cuya mención no puede pasar desapercibida en ningún libro de historia de México, allí fue donde se promulgó la Constitución de 1814 por Morelos. Y ahora, durante la semana pasada, lo ocurrido en esta ciudad, fue un tremend topic.

La cámara de seguridad de un mercado captó a una mujer que, aprovechando el descuido de un niño en un puesto de frutas, agarró un billete de 50.00 pesos, y se lo llevó despreocupadamente, pensando que nadie se enteraría de su procedimiento.

El niño se dio cuenta de que le faltaba ese billete, pero lo atribuyó a que se le había perdido. Su padre tampoco le dio mucha importancia al hecho… hasta que las redes sociales hicieron su papel, y difundieron la acción de la mujer, a la que se le endilgó un apodo: #Ladyrata. Para su desgracia, fue reconocida y señalada.

Aunque no fue acusada ante la autoridad, volvió al mercado, y regresó el dinero, pidiendo que se bajara ese video que tanto la había desprestigiado. Desafortunadamente para ella, el daño ya estaba hecho y, durante más tiempo del que ella quisiera, ese apodo la iba a acompañar.

Me pongo a pensar en las ocasiones que procedemos como esta mujer: realizamos acciones incorrectas, pensando que podemos actuar impunemente, sin consecuencias. Lo mismo ocurre con la naturaleza, en que sabemos lo correcto para cuidar la Tierra, pero, por comodidad, dejamos de hacerlo… hasta que es demasiado tarde. Podremos arrepentirnos después, pero ya no se podrá remediar.

Durante la audiencia de la pasada semana, el Papa expresó lo siguiente:

“Por egoísmo hemos fallado en nuestra responsabilidad como custodios y administradores de la tierra. Basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común. La hemos contaminado, la hemos saqueado, poniendo en peligro nuestra misma vida. No hay futuro para nosotros si destruimos el ambiente que nos sostiene.

“Hemos fallado custodiando la Tierra, nuestra casa-jardín y custodiando a nuestros hermanos. Hemos pecado contra la Tierra, contra nuestro prójimo y, en definitiva, contra el Creador. ¿Y cómo reacciona la Tierra? Hay un dicho español que dice: ‘Dios perdona siempre; los hombres, perdonamos algunas veces; la Tierra no perdona nunca’. La Tierra no perdona: si nosotros hemos deteriorado la Tierra, la respuesta será muy contundente.

“¿Cómo podemos restaurar una relación armoniosa con la Tierra y con el resto de la humanidad? En la casa común, en la Tierra, también en nuestra relación con la gente, con el prójimo, con los más pobres, ¿cómo podemos restaurar esta armonía? Necesitamos una nueva forma de ver nuestra casa común. “Entendámonos: esta no es un depósito de recursos para ser explotar. Para nosotros los creyentes, el mundo natural es el ‘Evangelio de la Creación’, que expresa la potencia creadora de Dios para plasmar la vida humana y hacer que el mundo exista junto a lo que contiene para sostener a la humanidad. Cuando vemos estas tragedias naturales que son la respuesta de la Tierra a nuestro maltrato, yo pienso: ‘Si ahora le preguntase al Señor qué piensa, no creo que me dijera que todo está muy bien’. ¡Hemos sido nosotros los que hemos arruinado la obra del Señor!

“Cada uno de nosotros puede dar su pequeña aportación: No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente.

“Comprometámonos a amar y a apreciar el magnífico don de la Tierra, nuestra casa común, y a cuidar de todos los miembros de la familia humana”.

Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

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