El Mañana

lunes, 26 de agosto de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Archivo General del Municipio, una historia empolvada

28 junio, 2019

“Sin esa verdadera historia ciudadana, no valdrá fundación de ciudad alguna, al estar ésta avivada por los historiadores, tan sólo de mitos, supuestos o leyendas que la avalan”. – Mars

Está por concluir el mes de junio y por ningún lado se vio cartel panorámico o anuncio alusivo alguno relacionado con dicho festejo, lo triste, que tampoco se apreció promoción a los alrededores o externamente en el que se supone es el recinto, sitio que resguarda esas raíces de los neolaredenses, por lo mismo y ante esa ausencia y ese olvido, se puede considerar al Archivo General del Municipio, una historia empolvada.

Recién pasaron las elecciones para diputados locales, debido a esto la ciudad por cuarenta y cinco días se vio atiborrada de propaganda proselitista a favor de esos candidatos, así las calles, avenidas, casas, edificios, anuncios espectaculares daban cuenta de esa gran economía para esa actividad destinada; cosa contraria pasó para engrandecer, recordar, embellecer, promocionar a esta gran ciudad.

Pues a esa falta de difusión, comunicación tanto de las autoridades estatales, como municipales de cuanto presupuesto se destinó para dichos festejos de aniversario, o para qué o hacia dónde fueron dirigidos esos recursos, y al no verse por ningún rumbo de esta ciudad el reflejo de esa economía, esa omisión, sí que inquieta a más de un ciudadano o residente neolaredense.

En consecuencia, y ante esa falta de espacios, convocatorias ciudadanas para apreciar el arte, el teatro, la cultura local, de esas interpretaciones, paulatinamente, las nuevas generaciones van perdiendo ese interés, esa necesidad de recordar, revivir, auscultar en el pasado para conocer más, identificarse con sus raíces, con esos primeros pobladores de esta parte de la República Mexicana, hoy México.

Y a los ancestros, a esos viejos pobladores, a través de las décadas triste es reconocer que se les ha negado esa oportunidad de externar a través de escritos caseros, de anécdotas, de vivencias de sus abuelos o tatarabuelos, de objetos que han custodiado, resguardado a través de los tiempos en sus hogares, en la familia, y que juntos dan constancia de esas historias más que verídicas.

Narraciones que al dárseles la oportunidad de ser transmitidas, fomentan ese interés ciudadano, en consecuencia, aumentan ese acervo histórico neolaredense sobre su establecimiento, sobre su obligada estancia en esta parte mexicana.

Pues no debe de confundirse a esos viejos pobladores, a esas antiguas familias de esta villa que la habitaron como fundadores, su constancia o registro de nacimiento o permanencia en ésta, no es otra cosa más que esa verdad de su existencia, mas no de que fueron los actores de un evento, de un traslado de un territorio a otro, ya que entre ellos ese hecho nunca se transmitió o documentó, por lo mismo no existió; pues ahí y ni en ningún otro registro que se tenga, no ha aparecido nadie palomeado como “fundador”.

Cierto es que ha existido un gran interés en conocer más acerca de la fundación de Nuevo Laredo, de esta Villa de Laredo; sin embargo, y por lo que se tiene, lo que las autoridades a través de sus historiadores externan, documentan, se confirma con esto que tan sólo siguen esa línea, lo que en su momento se pretendía hacer, el forjar, formar una historia sí con mucho romanticismo, con una trama llena de heroísmo, de acción y patriotismo.

Pero para aquellos amantes de la verdadera historia, esos que buscan y rebuscan y no están conformes con lo que se les presenta como verídico, seguramente darán constancia que la historia sobre la fundación de Nuevo Laredo, sus narrativas, sus variadas acciones, por no decir idénticas en su forma, sí que son similares a las de Reynosa, Matamoros, Ciudad Acuña o Piedras Negras, pero que cada una cuenta con ese plus o detalle como el conocido en Nuevo Laredo, de que desenterraron a sus muertos para trasladarlos a este mexicano lado, por lo demás, sí que existe y claramente en el relato la imitación.

Es una pena que, en Nuevo Laredo, las nuevas generaciones de ciudadanos, de residentes estén viendo en su historia tan sólo una cronología de hechos que nunca se sucedieron, sino que se crearon a conveniencia de forjar, de poseer una historia.

Es una pena que, en Nuevo Laredo, tanto su Escudo de Armas como su propio Reglamento, no aludan a su verdadero creador el General Vito Alessio Robles, y que tan sólo sus autoridades municipales, historiadores se refieran a un neolaredense como su creador para darle todo el crédito.

Es una pena que, en Nuevo Laredo, el Archivo General del Municipio tan sólo sea ese recinto de resguardo de papeles y papeles que dan constancia de la función de las autoridades municipales, y se omita y grandemente el pasado histórico de sus propios pobladores.

Muy seguramente en el Archivo General del Municipio, no haya tanta necesidad de buscar, indagar algo que ya se sabe y que se tiene más que identificado y registrado, como es el conocer cómo fue que se seleccionaron a las familias fundadoras, cómo es que este hecho se ideó, y cuál era el principal motivo.

Pues buscándole bien, en los años cuarenta sí que está documentado, que, para los festejos del centenario de Nuevo Laredo, se estuvieron convocando a las familias que se sintieran con ese derecho de pertenecer o ser descendientes de residentes antiguos, para así agregarlas a una lista como las familias fundadoras de esta parte de México.

Entonces, por igual tienen que existir antecedentes de cómo se les identificó, cuáles fueron las preguntas que se les hicieron, qué documentos tuvieron que presentar para distinguirlos como tal, terrenos que poseían, propiedades, quizás hasta fotografías, consultas o visitas para constatar lo dicho con sus propios cercanos vecinos, lo que daría pauta a seleccionar y bien a este grupo de familias.

Pero a como han venido forjando la vida histórica de esta frontera los propios historiadores con leyendas, mitos, y supuestos, y al estar demasiado arraigados, abrazados a las autoridades municipales para complacerlas, muy probablemente se brincaron todos esos puntos, esos requisitos, dando constancia en su momento y para lo mismo, que esas familias en su visita y registro, efectivamente y por haber cruzado el río Bravo, todos aun presentaban indicios de haber traído los pies “mojados”.