El Mañana de Nuevo Laredo

Catón

De política y cosas peores

Catón

21 mayo, 2020

Asco y antojos



Simpliciano, joven inocente, visitó a Rosibel en su departamento. Apenas se sentaron la pizpireta chica apagó las luces, de modo que la habitación quedó en una grata penumbra que invitaba al amor. Preguntó el cándido muchacho: “¿Apagas las luces para ahorrar energía?”. “No -respondió Rosibel-. Las apago para quitártela toda”… El médico le preguntó al soldado Babalucas: “¿Cómo te pudo pasar esta tragedia?”. Desde su lecho de hospital relató con voz débil el recluta: “Es que nunca aprendí a contar bien, y cuento con los dedos. Me dijeron que le quitara la espoleta a la granada y contara hasta 10 antes de lanzarla. Para poder contar me la puse entre las piernas. Y creo que conté muy despacio”… Himenia Camafría y Celiberia Sinvarón, maduras señoritas solteras, fueron a un pintoresco pueblo, pues alguien les dijo que había allí más hombres que mujeres. Vieron en una esquina a un gallardo mocetón, y Celiberia le preguntó, coqueta: “Dime, amable joven: ¿qué horas son?”. Respondió el muchacho: “Diez para las dos”. Himenia, que no había escuchado la pregunta, exclamó muy contenta: “¡Ah! ¡Nos tocan cinco a cada una!”… Pimp y Nela formaban una pareja singular. Él era rufián, y ella su pupila. Cierto día Pimp le preguntó a Nela si había llegado el casero a cobrar la renta. “Sí” -contestó ella-. Inquirió el ribaldo: “¿Con qué le pagaste?”. Usó ella una expresión vulgar. Dijo: “Con cuerpomático”. Quiso saber el mantenido: “¿Y quedó conforme?”. “Sí -le aseguró ella-. No sólo se dio por pagado, sino que además me regaló mil pesos”. “Entrégamelos” -le ordenó Pimp-. “Está bien -accedió de mala gana Nela-. Pero la próxima vez que no tengamos dinero para la renta se la pagas tú”… Don Cornulio le contó a un amigo: “Mi esposa siente asco y antojos”. Sugirió el otro: “Posiblemente está embarazada”. “No -dijo don Cornulio-. Siente asco de mí y se le antojan el vecino del 14, el repartidor de pizzas y el que viene a arreglar la tele”… Un señor de edad madura y aspecto muy formal acudió a la consulta de un reputado médico especializado en problemas de la sexualidad. “Doctor -le dijo- he notado una marcada disminución en mis facultades amatorias”. Preguntó el galeno: “¿Con qué frecuencia las ejercita usted?”. Respondió el consultante: “Cuatro veces al año”. El facultativo no pudo ocultar una sonrisa. Comentó: “No es mucho”. Replicó el señor: “Tratándose de mí no está tan mal. En primer lugar tengo 65 años. Luego, tiendo a ser tímido. Y en tercer lugar soy cura”… Don Valetu di Nario, senescente caballero, regresó a su casa a media mañana, pues había olvidado llevar consigo unos papeles de la oficina. Para su sorpresa sorprendió a su esposa en situación comprometida con un desconocido. Para colmo el sujeto era un astroso pordiosero. “¿Qué es esto, Mesalina?” -se indignó-. Explicó la mujer: “Este pobre señor llamó a la puerta y me pidió un vaso de agua. Después me pidió algo de comer. Y ya se iba, pero me preguntó: ‘¿Y no podría darme algo que ya no use su marido?’”… El jefe de personal entrevistaba a varias chicas que pedían empleo. Preguntó a una de ellas: “¿Cuál fue su última posición?”. La muchacha se ruborizó: “¿Quiere que se lo diga aquí, delante de todos?”… FIN.

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