El Mañana

viernes, 06 de diciembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Augurio Malsinado

16 noviembre, 2019

“Estoy feliz. Anoche mi novia me dio el sí”.
“¡Felicidades! Y ¿cuándo es la boda?”. “¿Boda? ¿Cuál boda?”… Don Augurio
Malsinado relataba con acento lamentoso: “Creo que mis papás nunca me quisieron.
Cuando de niño me enseñaron a cruzar la calle me dijeron que me fijara bien
hacia los dos lados: hacia arriba y hacia abajo”… En el bar la guapa chica le
tendió la mano a don Algón: “Me da mucho gusto conocerlo. ¿Cuánto?… Perdón:
¿cómo me dijo que se llama?”… La esposa: “Esta noche no. Me duele la cabeza”.
El marido: “Te prometo no tocártela”… Dulcilí veía su tablet. Les comentó a
sus padres: “Aquí viene una estadística según la cual 52 por ciento de las
mujeres de mi edad son vírgenes, y el resto ya no lo somos”… Babalucas le
dijo a su enamorada: “Pero, mi vida, hoy quiero hacerlo con la luz encendida”.
Replicó tajante la muchacha: “Cállate ya y cierra la puerta del coche”…
Afrodisio Pitongo, hombre salaz, quiso conocer a su nueva vecina, una chica de
exuberantes formas. Llamó a su puerta, y la muchacha abrió. Iba cubierta sólo
por un vaporoso negligé. Pitongo, aturrullado, sólo acertó a decirle. “Soy su
azúcar. ¿Puede prestarme una taza de vecino?”… Don Postremo vivía sus últimos
momentos. Un sacerdote llegó a visitarlo. “Hijo mío -le preguntó-, ¿crees que
hay otra vida después de ésta?”. “Nunca he pensado en eso, padre -respondió
él-, pero por si las dudas le voy a pedir a mi señora que me ponga en el cajón
otra muda de ropa”… La abuelita le leía un cuento a su pequeña nieta.
“Entonces la princesa recogió al feo sapo, lo llevó a su cama y ahí le dio un
beso. Y ¡oh maravilla!: el horrible sapo se convirtió en un hermoso príncipe”.
“Abuelita -preguntó la pequeña-. Y los papás de la princesa ¿se tragaron ese
cuento?”… Augurio Malsinado, ya lo sabemos, es perseguido por un hado
adverso. Nacido para perder, le suceden casos desastrados. Cierto día relató:
“Yo era un alfeñique de 44 kilos. Un bravucón de playa que pesaba 80 kilos dio una
patada y me echó arena en la cara delante de mi novia. Fue entonces cuando me
decidí a hacer los ejercicios de Charles Atlas. En un año me convertí en un
atleta que pesaba 80 kilos. Entonces un bravucón de playa que pesaba 120 kilos
dio una patada y me echó arena en la cara delante de mi novia”… Un hombre
joven entró en una tienda de aparatos domésticos y preguntó por el precio de
una plancha. “Mil 500 pesos”, le informó el propietario del establecimiento. El
cliente se encrespó: “¿Mil 500 pesos por esta chinchurrienta plancha que puedo
levantar con la punta de mi…?”. Y dijo claramente con la punta de su qué. Al
escuchar jactancia tan desmesurada el vendedor lo desafió: “Si la levanta usted
con eso la plancha será suya”. El hombre aceptó el reto. Se concentró unos
instantes, y cuando estuvo en la disposición debida levantó el artilugio en la
precisa forma que había dicho. El gerente, asombrado, reconoció el triunfo del
sujeto. Le dijo: “Usted gana, amigo. Y tratos son tratos: llévese la plancha”.
El tipo dedicó otros instantes a calmarse y luego salió feliz de la tienda
llevando su aparato bajo el brazo. La plancha, quiero decir. Pasaron unas
semanas. Cierto día el dueño de la tienda se topó en la calle con el individuo.
Lo reconoció y le dijo: “¡Usted fue el cliente que en mi tienda levantó una
plancha con su… aquello!”. “Sí -replicó el otro-. Y prepárese, porque estoy
entrenando para un refrigerador”… (Nota: Conozco a un paisano mío de Saltillo
que está haciendo ejercicios para un piano de cola)… FIN.