El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Oscar Leal
Opinión Oscar Leal

Aventuras del Matarraya

17 enero, 2019

Marrano de monte

ÓSCAR LEAL

Como ya es costumbre nuestra adicción a los sonidos del campo, nos obliga a subir un par de cañas de pesca y una tercia de costales de maíz a la camioneta; después de un par de llamadas se arma una tercia matona donde encaja de maravilla el tremendo Nacho y el “Papirrín” (junto a su inseparable set de arco y flechas) por defaul, tras un ligero tramo carretero, este su humilde servidor toma de epicentro el rancho del buen amigo Ramón.

Con la esperanza de desentumir el brazo derecho sobre las aguas del río Bravo en busca de robaletas, anticipando la llegada a las márgenes del río, regamos maíz en los alrededores de un parapeto donde el buen “Papirrin” se queda sentado en busca de gozar la tarde en solitario con la esperanza de llamar la atención de los muchos marranos de monte que habitan el sector.

Mientras tanto el buen Nacho y su servilleta avanzamos un par de kilómetros más y nos apostamos sobre un claro libre de vegetación y tras colocar un par de mosquitos en serie y cucharas emplumadas con anzuelos terciados como señuelos artificiales en las líneas de pesca, empezamos nuestros lances siempre dirigidos a los borde de piedra de un par de barrancos hundidos.

Poco antes de transcurrir una hora, logramos ver junto a una cuneta el frenesí de un cardumen de robaletas alimentándose, gracias a que durante toda su vida viajan, viven y se alimentan juntas, es muy fácil identificar los chasquidos, a tirones lentos pasamos los señuelos frente al cardumen y “POOOMMM” el invitado de honor en forma de enganche nos pone la “piel de gallina”.

De a tiro por enganche, la robaleta cae en el engaño con tal facilidad que hasta se repiten los dobletes en cada línea, pero así como llega la emoción, la corriente se encarga de arrastrar al cardumen fuera de nuestra zona de tiro y sólo nos permite obtener una docena de regordetas con escamas, minutos más tarde el “Papirrín” nos reporta por radio que dio en el blanco a un marrano de buena monta y subimos a la camioneta para auxiliarlo en la caza.

Ya frente al parapeto, los lamentos del “Papirrín” nos indican de un tiro acertado, pero sobre las ancas traseras de un buen marrano de monte, por desgracia una flecha en esa parte del cuerpo no suele dañar ningún órgano interno, lo cual nos obliga a adentrarnos en el monte a seguir los rastros de la huida del porcino con la esperanza de encontrar manchas de sangre que nos indiquen que su herida es letal, después de batallar por 200 metros con los nopales y el monte cerrado la esperanza se esfuma al no encontrar nada.

Tras abandonar la búsqueda el menú de la cena se limitó sólo a freír en aceite las robaletas y es que a pesar de que la carne de marrano de monte es ligeramente más oscura que la del marrano criado en granja, no deja de ser un manjar a la hora de cocerla en el cazo.

Cuéntame tu historia,

tu ya conoces la mía…

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ÓSCAR LEAL