El Mañana de Nuevo Laredo

Mauricio Belloc

Selva urbana

Mauricio Belloc

20 septiembre, 2020

Canija pregunta sin respuesta



Ahora los periodistas, académicos, artistas, intelectuales, librepensadores, investigadores, científicos, diplomáticos de carrera, premios nacionales de todo, cineastas, creadores, catedráticos, universitarios, periodiqueros, televisivos, el empresariado y demás primas donas y primos uomos de México, se dicen ofendidos, pero…
… ¿Por qué no denunciaron todos los atropellos y las marranadas que ahora este gobierno federal, las cámaras legislativas lideradas por partido opositor a los eternos históricos, así como los secretarios de Estado y principalmente, su Presidente, o sea AMLO, han puesto al descubierto para conocimiento del pueblo de México, de todo ciudadano de este país que lo quiera saber?
Este gobierno en dos años ha descubierto cada trastupije, cada cochinada, ha puesto en el tapete todos los entuertos que ha ido descubriendo, un bonche de arreglos en lo oscurito y un madrazazal de pingües negocios efectuados no en uno, sino en cinco sexenios en fila.
Hoy se saben cosas de mucha de la gente que ocupó principales cargos y en especial, hoy el pobre pueblo sabe de lo marranos tan trompudos que fueron los cinco últimos presidentes de la república.
Qué caray, ahora resulta que se molestan, que se arrancan las vestiduras, se estiran los pelos, se dicen ofendidos y llaman a cuentas, cierran filas y exigen disculpas, pero…
… Pero qué canijos, ¿cómo es que no contestan a esa cuestión tan simple que les hace el de Tabasco, ese tipo que los ha logrado juntar a todos para lincharlo verbalmente y en letras escritas, tanto que hasta se firman “los ofendidos” por cientos (650 de ello)?
Sí, como si fueran naranjas ombligonas de Montemorelos, van juntos, en bonche, en cesta, por cientos, en centenares.
¿Por qué temen ir solos en sus quejas contra el Presidente? ¿Por qué se vuelven en un ridículo mayúsculo, al juntarse como Alí Babá y los 650 ladrones? ¿Por qué tienen que ser cientos en una protesta y nadie tiene la valentía de reclamar inocencia a título personal?

UNA SIMPLE PREGUNTA
La pregunta sin contestar es simple: ¿Por qué en los tiempos de Salinas, de Zedillo, de Fox, de Calderón y de Peña, no se unieron estos “pro hombres” y “pro mujeres” mexicanos y extranjeros aquí asentados en esa lista de manifestantes, por qué no cerraron filas para denunciar y exigir justicia ante tanto robo, tanto atropello, tanta injusticia, tanta muerte de inocentes, tantos encierros de gente que no es delincuente y tanto delincuente que no fue encerrado?
¿A poco pasó de largo en cada ámbito de todos estos “célebres” personajes de la vida nacional el saqueo desmedido? ¿No vieron el manoteo frenético en las televisoras, en la radio, en los periódicos? ¿Vivieron de noche en las universidades, en las academias de intelectuales, en los colegios de investigadores, en el teatro de la vida nacional, tras bambalinas y bastidores?
¿No lo supieron los dizque líderes de opinión, esos medios masivos de penetración, presencia y circulación nacional?
Hoy unidos todos, todos firmando, atacando desde mil y un espacios; en columnas, artículos, en las ondas hertzianas, editoriales de revistas, en el propio cine, ni qué decir de blogs, redes sociales, en todo lo que se pueda.
Pero y ¿cuándo el mole? Plato y plato, ¿verdad?
Como vendedor de mercado, así este bato ha colocado su manta en la calle, su tapete sobre la banqueta para que el pueblo pase muy cerquita y vea todas las sucias verdades de la vida mexicana, esas vivencias y porquerizas que se vivieron en las “grandes ligas”, en esos altos niveles de los que precisamente forman parte todos esos que citamos en el primer párrafo de este escrito, desde periodistas hasta “primas donas” y también “primos uomos”. COCHUPO, CHAYOTE, IGUALA, EMBARRE
Hoy, todo está al descubierto, en ese tenderete que como en parián, es que los ha ventilado y expuesto el de Macuspana, todo está colocado al descubierto, en la superficie, a simple vista, como mágico tapete, donde destacan las suciedades, parece un mantel lleno de chucherías y baratijas desparramadas.
En la manta del descubrimiento incómodo, extendido y saturado el paño, de la cruda realidad mexicana.
Hoy protestan los cientos de “autoexhibidos”, así como millares lo hacen por lo bajito, en sus cerrados círculos sociales de alto pedorraje, lo que ayer callaron.
Hoy se escandalizan porque ya el pobre mortal lo sabe todo, temen porque ahora el simple pueblo se ha enterado y ha comprobado que no eran infundadas sus sospechas de que unos pocos se estaban quedando con todo.
Este día están incómodos los célebres, los distinguidos, la elite, la alta alcurnia, de que hayan sido exhibidos ante la prole, la pelusa, de que el pópulo se haya enterado de cómo fue que esos poquitos de arriba, se robaron su dinero y su tierra, el tesoro y al país entero.
Y muchos que debieron y que se enteraron, simplemente no hablaron, más bien callaron, a conveniencia, malamente guardaron silencio, delincuencialmente omitieron, de manera cómplice, se lo guardaron todo.
Y todo por algo muy sencillo, ¡el embute!
Todos los que hoy chillan, ayer hicieron mutis, porque el embarre estaba bueno, la mochada era frugal, el chorreadero de lana era nutrido, la maiceada los engordó bien padre.
A todos esos pajaritos les daban su alpiste para que no cantaran, y si lo hicieran fuera de felicidad, puras linduras entonaban respecto a la mano que les daba de comer.
Y así por seis años, más otros seis, más un sexenio adicional, otros seis años más y seis más, así hasta sumar 30 años de comer como pichón enjaulado, con sólo abrir el pico, con dejar escapar un “pío” y ya se lo estaban retacando de comidita de la rica, de la gratis, de la sin esfuerzo ¡y a granel!

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