El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Bienvenidos a la suite nupcial

31 julio, 2019

Don Astasio llegó a su casa después de una dura jornada de trabajo. Colgó en la percha su saco, su sombrero y la bufanda que usaba incluso en los días de calor canicular y luego se dirigió a su alcoba a fin de reposar un rato antes de la cena. Lo que vio en la recámara le quitó el apetito. He aquí que doña Facilisa, su mujer, estaba en lecho conyugal refocilándose con un sujeto al que llamaba Pancho. Pancho p’acá; Pancho p’allá. Más bien Pancho p’acá. Tras contemplar la escena don Astasio fue al chifonier donde guardaba una libreta en la cual anotaba vocablos denostosos para enrostrar a su mujer en tales ocasiones. Volvió y le dijo a la pecatriz: “¡Taranta!”. Había hallado esa palabra leyendo a Pérez Galdós. El término se usa en las Islas Canarias para motejar a la mujer liviana, y ya sabemos que don Benito era canario. “¡Ay, Astasio! -replicó, impaciente, doña Facilisa-. Tú y tus palabrejas. ¿Por qué no esperas a que se vaya la visita y luego me las dices?”… El pequeño hijo de don Poseidón, ranchero acomodado, le preguntó a su padre: “¿Por qué el gallo del corral canta tan temprano?”. Le explicó don Poseidón: “Porque más tarde se levantan las gallinas, y luego ya no tiene fuerzas ni para cantar”… La bella aspirante al puesto de secretaria llenó la solicitud de empleo que don Algón le había dado. En la línea donde decía ‘Sexo’ puso: “Para eso usted tendrá que presentarme a mí una solicitud”… Simpliciano, ingenuo joven, se vio por azares de la vida en brazos de una apasionada y tórrida mujer que lo tomó con fuerza, lo arrojó en la cama y se subió sobre él. “¡Contente, Calentina! -suplicó el asustado galán-. ¡Me vas a matar!”. Respondió la fogosa mujer sin sofrenar sus ímpetus: “¡No importa, con tal de que esta parte no se muera!”… Enhiesto, firme y de tamaño heroico era el busto de Tetonia. Cierto día fue a la consulta del doctor Ken Hosanna. El facultativo le pidió a su enfermera: “Tráigame dos estetoscopios, señorita. Este pecho lo tengo que oír en sonido estereofónico”… El padre Arsilio les preguntó a los niños del catecismo: “¿Dónde está Dios?”. Pepito se apresuró a contestar: “En el baño”. “¿Cómo en el baño?”, se asombró el buen sacerdote. “Sí -confirmó Pepito-. Muchas veces he oído a mí papá decir frente a la puerta del baño: ‘¡Dios mío! ¿Todavía estás ahí?’”… Al regresar de su luna de miel la recién casada le contó a una amiga: “Los del hotel se portaron muy bien con nosotros. En el cuarto nos pusieron dos letreros que decían: ‘Bienvenidos a la suite nupcial’”. “¿Por qué dos letreros?”, se extrañó la amiga. Contestó la flamante desposada: “Uno en la cabecera de la cama para que lo viera mi marido y otro en el techo para que lo viera yo”… Don Chinguetas y doña Macalota fueron a pasear al campo. El día era caluroso, de los de la canícula, y ambos esposos sudaban copiosamente. De poco le sirvió a don Chinguetas quitarse el saco; no le sirvió de nada a doña Macalota darse aire con el abanico de Pedro Infante que conservaba desde su juventud. Por fortuna vieron cerca un arroyuelo que los invitaba a refrescarse en sus cristalinas aguas. Validos de lo solitario del paraje se despojaron de sus ropas y empezaron a chapotear en las transparentes linfas. Doña Macalota, ya confortada por esa gratísima ablución, salió del agua y fue a buscar su ropa. En eso -¡horror!- se apareció un sujeto que llevaba su vaca a beber agua. Don Chinguetas se ocultó tras un arbusto. Doña Macalota, por su parte, alcanzó apenas a cubrir lo que más debía cubrirse, para lo cual tomó lo primero que tuvo a mano, que fueron los zapatos de su esposo, los cuales quedaron con las suelas hacia afuera y las puntas hacia abajo. Vio eso el de la vaca y le dijo a doña Macalota: “Impetuoso el señor, ¿no?”… FIN.