El Mañana

viernes, 06 de diciembre de 2019

Jesús Pérez Caballero
Desde la frontera Jesús Pérez Caballero

Brevísima descripción del abrojo

16 noviembre, 2019

Un abrojo o ponchallantas son dos trozos metálicos
-preferentemente acero-de unos diez centímetros de largo y tres centímetros de
grosor. Soldados por donde están a punto de formar una L y tan doblados como
para quedar erguidos, la trampa se sostiene sobre tres patas, en geometría
molecular tetraédrica de, por ejemplo, el metano, y en ostensible diferencia
con las dos patas del Odradek, el ficticio bicho -entre estrella y ovillo- imaginado
por Kafka, siempre débil (en contraste con la solemnidad juguetona de su voz).
Gracias a su solidez, el abrojo presenta la cuarta pata que permanece hacia
arriba y poncha la rueda de la víctima.

Si presionamos el punto G de Google, comprobamos que estos
objetos se han usado en casi toda la república, aunque a veces con otros
nombres. Son “estrellas con puntas” para medios de Aguascalientes; “púas”
(Ciudad de México); “estrellas pincha llantas” o “varillas soldadas”
(Guanajuato); “clavos en forma triangular, debidamente soldados” (San Luis
Potosí); “puntas” (Sinaloa); “estrellas poncha llantas” (Tamaulipas); o
“estrellas metálicas hechizas” (Zacatecas).

En España son abrojos; taxistas los lanzaron en una
manifestación contra Uber (El Español, 12/7/2019). El nombre proviene de la
planta Tribulusterrestris, con espinas llamadas mericarpios –los parecidos al
ponchallantas-, que dañan pies descalzos e incluso ruedas de bicicletas (“Tribulusterrestris”,
Wikipedia en español). En Hispanoamérica son “miguelitos”, por Miguel Enríquez,
líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno, que instó a usarlos en
movilizaciones políticas de los sesenta: “instalación de ‘miguelitos’ en las
calles para obstaculizar los patrullajes nocturnos” (The Clinic.cl, 15/3/2013;
La Voz.com.ar, 8/9/2015).

En la antigua Roma tomaban nombres como murexferreus
-“hierro puntiagudo”- o calcitrapa -“trampa para los pies”, en referencia a
plantas como el abrojo- (“Abrojo (arma)”, Wikipedia en español). Esta variante
del Odradekes, pues, universal. Por ejemplo, en Japón, las estrellas ninjas son
tales, pero más ligeras y usadas de modo arrojadizo. O en EEUU, además de la
función bélica –con mejoras como un agujero que deje salir el aire para asegurar
el deshinchado-, son emblemas de varias instituciones armadas, por su utilidad
en operaciones encubiertas o de sabotaje (“Caltrop”, Wikipedia en inglés).

Al menos rudimentariamente, es sencillo fabricarlos. En web sanarquistas
-de derechas o de izquierdas- enseñan a cortar mallas metálicas y reciclarlas
en tales objetos. También hay usos industriales, por fuerzas de seguridad o por
asaltantes sofisticados. En la película Heat (Michael Mann, 1995), unos
atracadores despliegan abrojos encadenados entre sí, que forman una liana de
ponchallantas y consiguen detener a varios coches policiales. Industrialmente, suelen
ser planchas de plástico trasladables, con los abrojos adheridos. Ponchallantas
empotrables y para cubrir una superficie amplia, normalmente con colores
cálidos, como rojo, naranja o amarillo, quizá para rebajar el estrés de la
espera del enemigo en el retén oficial.

En Tamaulipas sé de dos variantes. La de Reynosa, con
varillas corrugadas de acero, de las que sostienen los edificios -las que vemos
cuando una casa se está construyendo o cuando está en ruinas y sobresalen,
retorcidas, de los cascotes-. Para doblar las varillas puede usarse una máquina
o trampas aseguradas sobre mesas y, como palanca, un tubo. Para cortarlas,
sirve la maquinaria habitual para el tratamiento de metales.

La otra variante es de clavos soldados, vista en Matamoros.
Es más delgada –los clavos quedan muy rígidos- y requiere que se afilen bien
las puntas. Podría fallar contra algún vehículo pesado y con un blindaje
especial. Sin embargo, al pesar menos, se trasladan con mayor facilidad y, para
el uso de particulares contra particulares, basta.

Desde la frontera Jesús Pérez Caballero

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