El Mañana

domingo, 22 de septiembre de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

‘Brillanteada’

21 agosto, 2019

“Brillanteada” es el nombre con el que bautizaron la manifestación del viernes pasado. Confieso que al principio me indignó la violencia con que protestaron más de 6 mil mujeres cuyas edades oscilaban entre 18 y 24 años. Pero al ver una y otra vez las imágenes y escuchar sus consignas y leer algunos carteles que decían cosas como: “Nos están matando y tú no haces nada”, “Agradezcan que queremos justicia y no venganza”, “El feminismo nunca ha matado a nadie, el machismo cada hora”, “Mi cuerpo es mío, yo decido, tengo autonomía”, me dieron ganas de acompañarlas en su cruzada y comprendí que el tamaño de su ira era el tamaño de su frustración e impotencia.

¡Cuántas de estas jóvenes no habrán sido victimizadas, no nada más por acosadores anónimos, sino por su padre, tíos, hermanos y supuestos compañeros de la universidad! ¡A cuántas no les habrá dicho su madre: “no te creo”, cuando se atrevían a denunciar al violador, por el solo hecho de ser miembro de su familia! ¡Cuántas de ellas no habrán padecido tocamientos en el Metro o insinuaciones hirientes y súper machistas! ¡Y cuántas de las manifestantes no habrán sido compañeras de la prepa o simplemente, amigas, maltratadas, desaparecidas o violadas!

Son tantas que duele poner las estadísticas, de los años pasados y de lo que va del 2019. Da vergüenza pertenecer a un país tan machista en el cual campea la impunidad con mexicana alegría.

“Brillanteada”, llamaron las jóvenes a su manifestación. Prácticamente todas llevaban en las manos bolsitas de brillantina color fucsia, el símbolo de su marcha; unas se dibujaban corazones en los antebrazos, al que rellenaban de brillantina; otras la arrojaban a la cabeza de los varones que osaron introducirse en su marcha y no faltaron las que llevaban su spray de pintura con el que hacían las pintas en la columna del Ángel de la Independencia o simplemente sobre los muros por los que iban pasando: “Ya estoy hasta la madre de que nos violen, nos asesinen”. “No somos objeto”. “Ni puta, ni santa, ni tuya… soy mujer”. “No me cuidan, me violan”. La mayoría de las jóvenes, vestidas de negro, llevaban el rostro cubierto por un paliacate de color verde o morado.

“Brillanteada”, que viene de la palabra brillantina, inventada por Henry Ruschmann, un maquinista de Nueva Jersey, y que tarda cientos de años en degradarse, de allí que espere que la consigna “Ni una menos”, escrita con brillantina a lo largo de varias calles de la Zona Rosa, no se borre nunca y que al pasar los peatones la lean despacito y se acuerden de la marcha de esas jóvenes tan enojadas por la violencia machista.

Confieso que al ver a estas jóvenes marchar con tanta furia, rabia y tirria, lamenté nunca haberme manifestado de joven con esa energía contra los acosos sexuales o el machismo. Seguramente desde entonces percibía ese tufo de machismo o sexismo que se respiraba en mi casa, pero nunca dije nada.

“No te creo”, me dijo mi madre cuando le comenté llorando que mientras esperaba en el consultorio del dentista, un señor me mostró su miembro a través de la puerta entreabierta. Tenía 10 años. Tampoco me creyó cuando le conté que el padre de La Votiva me llevó tras el altar, en seguida, me ofreció unos dulces y después se subió la túnica y vi que no llevaba pantalones. Salí corriendo con ganas de ahorcarlo con su estola. Tenía 16 años.

Y menos me creyó, cuando le dije que el hermano de mi mejor amiga, quien me había invitado a pasar unos días a un rancho, había entrado muy noche en la recámara donde dormíamos las dos, se había sentado a los pies de mi cama e intentó acariciarme los pechos, totalmente borracho. “¡Estás loca!”, me dijo, “es una familia muy decente”.

A estas jóvenes que se manifestaron a grito pelado hay que creerles. Sus reclamos son justos. Siempre hay que creer a las que denuncian acoso sexual. Como dicen ellas, no quieren venganza, quieren justicia. Quieren seguridad y quieren vivir sin miedo a que las maten o las violen en una patrulla.

Algo tiene que hacer Claudia Sheinbaum. ¿Se darán cuenta que cada vez más le tememos a la Ciudad de México, que cada vez más nos sentimos inseguras en sus calles y que cada vez más, hay más feminicidios?

Que le quede claro a la Jefa de Gobierno, las manifestantes no son provocadoras, son víctimas del machismo, de la inseguridad, de la impunidad y de la falta de sensibilidad por parte de las autoridades.

gloaezatovar@yahoo.com