El Mañana

domingo, 17 de noviembre de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

‘Cachete’

27 febrero, 2019

Le decían “El Kaiser”, y era muy fácil de distinguir. Con sus característicos lentes negros, y en su blanco pelo, un peinado tipo de cola de caballo. Murió a los 85 años. Se llamaba Karl Lagerfeld y dirigía la famosa empresa de Coco Chanel.

A pesar de sus esfuerzos de lograr que las personas sean más atractivas, tal parece que para él no había personas atractivas, ya que ha dejado toda su herencia para “Cachete”, su mascota. Su aguda inteligencia no sirvió para apreciar a las personas que les rodeaba, ya que juzgaba que su gata merecía más quedarse con el fruto de su trabajo. Tal parece que en sus 85 años no encontró una persona o causa que mereciera su confianza, a pesar de vivir rodeado de muchas más personas que la mayoría de los seres humanos.

Es una desafortunada tendencia que se va extendiendo, y que, si bien antes existía, probablemente el cinismo, ya no es una actitud que rechacemos, sino que admiramos como signo de sinceridad: la humanidad nos desilusiona, y sus mejores causas están severamente contaminadas. Cada vez hay gente que prefiere y busca la compañía de sus mascotas, que a las personas. En los Estados Unidos se gasta más en los alimentos para mascotas que en la de los bebés. Además, en las parejas que desean separarse, los conflictos para quedarse con la custodia de una de las mascotas, es fuente de serias diferencias.

Por otro lado, nosotros, más que apego a una mascota, nuestra tendencia es a los celulares, para quienes estamos siempre dispuestos a darles tiempo y una atención muchas veces desproporcionada. Nos han acercado a los lejanos y nos han alejado de los cercanos. Les entregamos sin chistar, dos de nuestras mayores riquezas: nuestra atención y nuestro tiempo.

El pasado domingo, en su breve mensaje dominical, el Papa dijo a la multitud: “Las Bienaventuranzas de Jesús son un mensaje decisivo, que nos empuja a no depositar nuestra confianza en las cosas materiales y pasajeras, a no buscar la felicidad siguiendo a los vendedores de humo -que tantas veces son vendedores de muerte-, a los profesionales de la ilusión. No hay que seguirlos, porque son incapaces de darnos esperanza. El Señor nos ayuda a abrir los ojos, a adquirir una visión más penetrante de la realidad, a curarnos de la miopía crónica que el espíritu mundano nos contagia. Con su palabra paradójica nos sacude y nos hace reconocer lo que realmente nos enriquece, nos satisface, nos da alegría y dignidad. En resumen, lo que realmente da sentido y plenitud a nuestras vidas. ¡Que la Virgen María nos ayude a escuchar este Evangelio con una mente y un corazón abiertos, para que dé fruto en nuestras vidas y seamos testigos de la felicidad que no defrauda, la de Dios que nunca defrauda!

“Todos somos ‘mendicantes de amor’ y experimentamos un gran deseo de amar y ser amados; pero al mismo tiempo encontramos que nuestro amor humano es débil e inconstante; es una promesa difícil de mantener, un intento que se seca rápido y se evapora, ‘como una nube mañanera, como el rocío que al alba desaparece’, dice el profeta Oseas”.

No es fácil librarnos de ser contaminados por la decepción de la que muchas veces somos víctimas, pero también, y más ocasiones de lo que nos imaginamos, victimarios. Es más fácil de lo que quisiéramos, ser absorbidos por mascotas u objetos que no nos juzgan ni decepcionan. Pero en tal caso, más que de amor tendríamos que hablar de evasión, que no nos ayuda a cumplir con nuestra responsabilidad de humanos. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com