El Mañana

martes, 18 de junio de 2019

Laura García
En el G7 Laura García

Cafarnaúm: La Ciudad Olvidada

23 marzo, 2019

A veces para sostener una postura en un discurso es indispensable usar la perspectiva de la parte contraria para fortalecer los argumentos propios. Usar la ficción para exaltar una idea de la realidad, mostrar el verdadero valor de la vida para restarle peso a la muerte.
“Cafarnaúm: La Ciudad Olvidada” (Capharnaüm, Dir. Nadine Labaki, 2018) no es un documental, sin embargo todos los elementos en ella están tan perfectamente ejecutados que no nos deja lugar a duda de que lo que presenciamos son eventos sacados directamente de la realidad. Zain (Zain Al Rafeea) es un niño de 12 años que vive en los barrios bajos de Beirut, y que mientras cumple una condena en prisión por haber apuñalado a un hombre decide demandar a sus padres por haberle dado la vida. La historia nos muestra en retrospectiva todas las circunstancias en la vida de Zain que lo trajeron hasta este punto.
El título de la película toma su nombre de un antiguo pueblo pesquero en Israel, nombre que con el tiempo se convirtió en sinónimo de una palabra que significa “una desordenada acumulación de objetos”. Y es esta sensación de desorden lo que nos sacude las emociones hasta lo más profundo al experimentar esta película. Porque esta es una de esas películas que no solo se ven, se viven. Es una experiencia y un viaje emocional crudo y extremadamente realista.
La principal fuerza de esta película es la magnífica interpretación del joven actor protagonista, Zain Al Rafeea, quien fue descubierto por la directora en las calles de Beirut, siendo un refugiado proveniente de Syria. Fueron tal vez las similitudes compartidas con su personaje las que le permitieron retratar la realidad de la desolación y desesperanza que lo afligen. La habilidad de la directora para extraer emociones y reacciones verdaderamente viscerales del joven actor es lo que hace a esta película. Cabe resaltar también la representación más genuina y autentica que se ha visto en pantalla de un infante en el pequeño actor de reparto Boluwatife Treasure Bankole, quien interpreta al acompañante de Zain de tan solo un año de edad. La interacción entre estos dos pequeños es uno de los mayores logros de la cineasta, pues son la clave que nos permite mantenernos inmersos en su historia. El que se trate de niños sin experiencia previa en la actuación y que logren cargar con toda la película es lo que los hace sobresalientes, sin embargo el resto del reparto son excepcionales cada quien en su papel.
Es Zain quien con su interpretación hace creíble el que un niño de 12 años pueda tener una visión tan clara y compleja de lo que es el verdadero valor de la vida, lo cual es el único elemento que podría sentirse ficticio en esta historia. Esta tan perfectamente representado que no solo lo creemos posible, sino que nos hace pensar. No es una idea que se nos da como un discurso obvio, es una idea que nos queda en la cabeza y perdura, con todas las complejidades que conlleva.
En una actualidad en que el aborto sigue siendo tema de controversia, y que se sigue tomando como una cuestión de opinión, esta película sin forzarlo pone sobre la mesa nuevamente lo que es verdaderamente trascendente en esta discusión: no es estar a favor de la muerte, sino darle el valor que merece a la vida.
Lo que pudo haber dado lugar a malas interpretaciones también fue magníficamente abordado en el guion, mediante una precisa definición de los caracteres de dos personajes que parecen encontrarse en igualdad de circunstancias, pero quienes tienen una perspectiva totalmente distinta del valor que tiene la vida de un hijo: las madres de la historia. Lo que pudo haberse malinterpretado como un intento de abogar por la vil idea de que “los pobres no deberían tener hijos”, Labaki nos deja en claro que la capacidad de amar y de valorar la vida no tiene nada que ver con la clase social o estatus económico.
Es simplemente una historia desgarradora, una especie de “Mago de Oz” desencantada en la que el camino amarillo está repleto de obstáculos y pruebas de vida, en el que la inocencia de la niñez es absolutamente negada, y en el que al final la única magia que se puede encontrar es la posibilidad de tener una voz y un lugar digno en este mundo.

En el G7 Laura García

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