El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Cambio de horario, ¿para qué?

16 marzo, 2019

La semana pasada, el domingo, me levanté cuando todavía era ayer, no sabía si iba o venía, subía o bajaba, llegué al programa de radio (Panorama 91) en verdadero estado catatónico, desperté varios minutos después, pero aún sin tomar forma humana, finalmente como a la fresca de las ocho de la mañana tomé conciencia de mí mismo. -Sí, era yo, era domingo y estaba en la cabina del radio-, logré tomar las riendas de mi vida y empecé a operar con cierta normalidad. Es un verdadero crimen que lo obliguen a uno y sobre todo a cierta edad (ya avanzada) a sufrir de estos despropósitos.

Nunca he entendido el sentido, la razón y el objetivo de esta medida tan brusca, es muy gacho que le muevan a uno el tapete de esa manera, ¿y todo para qué? Supuestamente es para ahorrar energía, pero, ¿la ahorra quién? Porque lo que es uno, tiene que prender las luces de toda la casa para no caerse o tropezar con algún mueble, pues a esa hora de la madrugada todavía está oscuro, o sea, ahorro no hay. Luego publican muy ufanos que se ahorraron tantos miles o millones de pesos con la medida, pero vuelvo a insistir, ¿quién se los ahorró?, pues el recibo de la luz sigue llegando igual, no se refleja ninguna disminución en el consumo.

A estas alturas del partido, ya no sé cuál es el horario normal, si el que quitaron o el que acaban de imponer, mi organismo ya no sabe qué hacer, le cambian su ritmo, le mueven el reloj biológico y la verdad, lo sacan a uno de onda. Desde que entré a la secundaria y vaya que ya llovió (1960), me levanto a las 6:00 a.m., nunca había tenido problema, todo marchaba de acuerdo al horario, recuerdo que en el verano ya eran las 8 de la noche y aún había luz, esto nos permitía aprovechar más el tiempo, alargábamos la tarde y nos quedábamos a jugar hasta pasadas las 10 de la noche. Tranquilamente.

Quiero pensar y creo que el horario este, que llaman de verano, sea el de a de veras, el real y verdadero el de la gente decente, y si es así, para qué lo cambian después, o sea que es el otro, el de invierno, el que nos mueve el tapete. ¿Por qué no dejan las horas correr como Dios manda? ¿Por qué se empeñan en crearnos problemas? No hay resultados visibles de ninguna mejora o ahorro, no se debe jugar de esa manera con la salud del pueblo y menos con la de los adultos mayores (eufemismos para no decirnos los viejos). Pero bueno, el que manda, manda y si se equivoca vuelve a mandar.

Pero bueno, olvidemos de los arbitrarios e inútiles cambios de horario y vamos a concentrarnos en gozar de la primavera que ya se asoma en las mañanas que amanecen riquísimas, frescas y a veces cálidas, los trinos de los pájaros ya anuncian la llegada de esta estación que siempre esperamos con ansia, por cierto que han aparecido especies nuevas, que antes no veía ni oía, como mi casa, que es la de ustedes, está cerca del río y mi barrio está muy arbolado, siempre hay muchos pájaros y ahora he podido oír nuevos cantos, dulces trinos; estiro el pescuezo para ver si los localizo y me he encontrado con unos tipo gorrión naranjas y otros amarillos.

Los nogales ya echaron los primeros brotes, signo inequívoco de que ya no va a helar, en fin ya están apareciendo todos los signos y señales del cambio de estación. Esto, si no lo pueden cambiar a voluntad. La naturaleza es sabia y obedece a sus propias leyes. Sometámonos humildes y dóciles al dictado de nuestra madre naturaleza, ello nos dirá qué horas son. Bueno, amable lector, le agradezco infinitamente la gentileza de su atención, le recomiendo que se despierte temprano, aunque no se levante (levantado es mejor aunque sea en pijamas), para que tenga oportunidad de disfrutar de este extraordinario concierto de trinos y gozar el fresco matutino.

Le deseo un espléndido fin de semana en compañía de su familia.

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Ya llegué