El Mañana

viernes, 06 de diciembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Carlos Cantú Rosas, un político con historia

15 noviembre, 2019

“Un buen político no tan sólo atrae simpatizantes con harta
lealtad, sino por igual con harta falsedad, pues en ocasiones, surgen de entre
sus filas unas que otras traiciones”. – Mars

Muchos, pero muchos ciudadanos de Nuevo Laredo que lo
conocieron, coincidirían que en esta frontera no ha existido otro personaje
político que haya englobado tantas cualidades como esa excelsa presencia,
simpatía, calidad moral y humana necesaria para con todos sus semejantes,
agregar por igual que por sus actos, sus logros, sus luchas, es y será por
siempre Carlos Cantú Rosas, un político con historia.

Pero no se trata en esta semana del natalicio del licenciado
Carlos Enrique Cantú Rosas, originario de Nuevo Laredo, externar su biografía,
mucho menos su trayectoria, pues al ser Cantú Rosas de amplio reconocimiento a
nivel local, sabido es que cientos, quizás miles conocen de su carrera
política.

Por lo mismo de las que fueron sus costumbres, de sus más
allegadas amistades, de esas sinergias para lograr en su momento y junto a su
equipo de trabajo, los objetivos trazados, eso que satisficiera a todos,
incluso a sus mismos políticos adversarios.

Esto es lo que se percibía de ese gran político Cantú Rosas,
quien permitía a su pueblo lo llamara el “Chale Boy” de una manera simpática,
pero respetuosa, a la altura de una gran persona como él lo era.

Político, quien, al pasar por la calle, los niños, las
niñas, las mujeres, los hombres, los ancianos lo reconocían, al llegar a los
centros laborales su calidez humana sorprendía, en los recintos políticos o
gubernamentales, se le respetaba, se le temía.

Cuando el “Chale Boy” transitaba en Nuevo Laredo por sus
avenidas y calles, parecía un desfile, los autos con respeto detenían su
marcha, los peatones lo saludaban, los vendedores ambulantes su mano le
estrechaban.

Y al entrar a esa cafetería para convivir con sus amistades,
ésta y con su presencia de inmediato se transformaba, pues ahí estaban esperándolo
reporteros, llegaban periodistas, columnistas hasta mirones que querían verlo,
entrevistarlo o simplemente saludarlo.

Provocaba de todos voltear a verlo, era como un actor
hollywoodense de la política mexicana del que todos deseaban conocer, sus gustos
gastronómicos saber, hasta el entender de qué tanto en esas reuniones hablaba.

Ese era Cantú Rosas, ese era el político que vino a
revolucionar la manera de gobernar a Nuevo Laredo, ese era el “Chale Boy”, ese
personaje emblemático que vino a penetrarse y de lleno hacia esa sociedad por
muchos políticamente hablando despreciada, ignorada, de ellos alejada, abusada.

Cierto es que esta frontera no ha vuelto a tener otro hijo
político con la calidad y cualidad de Carlos Cantú Rosas, comprobado está que
el “Chale Boy”, es y ha sido el único con más y mejor trayectoria política a
nivel nacional que haya dado esta ciudad.

El viejo Nuevo Laredo, esa sociedad de los años setenta
nunca olvidará aquella campaña por la alcaldía, cuando un señor alto, de buen
porte transitaba por todas las colonias a bordo de una ruidosa carcacha, en
otras ocasiones a pie, saludando, invitando a su pueblo a confiar en él.

Ese sello ha sido imborrable para la mente de muchos
ciudadanos, incluso niños y niñas que lo vieron llegar, pasar por sus barrios,
pues nunca en la vida política de Nuevo Laredo se había visto tanta alegría,
emoción por un candidato saludar de una manera natural, como fue con el “Chale
Boy”.

Recordar por igual que el “Chale Boy” era un orador nato,
envolvía, convencía con su exacta dicción, pero no bastaba con hablar, sino con
hechos sus palabras transformar.

Pues así pensaba Cantú Rosas, “nuestra posición, no es
motivo de caprichos o vanidades personales, no encubre intereses, no solapa
complicidades, ni propicia rencores, es vertical, diáfana, clara, precisa y
congruente”.

Pues así denunciaba Cantú Rosas, “debemos desechar desde hoy
y para siempre a esos parásitos de la Revolución, a esos que viven de lo que
otros hicieron, relatando ajenos combates, sufriendo por heridas no recibidas,
cobrando por sangre no derramada”.

Pues así reflexionaba Cantú Rosas, “hay que recordar que
estamos obligados a expedir leyes sabias y justas en las que nuestro pueblo
encuentre, espadas contra todos los despotismos, arietes contra todas las
injusticias, y escudos que eviten desde hoy y para siempre cualquier intento de
regresión al proceso revolucionario, conquistado a sangre y fuego por el pueblo
mexicano”.

Es una lástima que al menos en Nuevo Laredo, la tierra que
vio nacer a este gran político mexicano, sus enseñanzas, sus logros, sus claras
palabras en contra de la injusticia hacia el pueblo, sus constantes acciones
para cambiar la mentalidad de la forma de hacer política, no hayan tenido mucho
eco, no hayan sido retomadas por las próximas generaciones.

Esto quizás y sin lugar a dudas, a que prosiguió en Nuevo
Laredo, ese continuismo, ese abaratamiento de la política después de Cantú
Rosas, esa política cómoda, acomodada y a conveniencia en donde el mayor
beneficio se la lleva el gobernante, nunca el gobernado.

Por eso, el progreso político en Nuevo Laredo nunca llega,
la ciudadanía en general percibe no ese cambio, no ese amor hacia esta frontera
manifestado por muchos funcionarios, o de esos que se han autonombrado
políticos para lograr una alcaldía, una diputación, un cargo, sino ese
retroceso, ese estancamiento de ofrecer siempre lo mismo.

Después de Carlos Enrique Cantú Rosas, el balance político
en Nuevo Laredo sigue siendo el mismo, poco o nada para el pueblo, mucho o
mucho más para el que sustenta el poder en sus manos.

Hoy en Nuevo Laredo no se pretende que surjan nuevos Cantú
Rosas, nuevos “Chale Boys”, pero sí que al menos actúen como se condujo el
“Chale Boy”, dejando a un lado la arrogancia, la simulación y la mentira, portando
en sus manos la justicia y sosteniendo con y en sus palabras la verdad.