El Mañana

viernes, 20 de septiembre de 2019

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Carta a los reyes

6 enero, 2019

Los neolaredenses y los fronterizos en general no somos muy dados a celebrar el Día de Reyes más allá de partir la rosca y reírse de quien le haya salido “monito” porque tendrá que poner los tamales el 2 de febrero.
Pero hay que recordar que Nuevo Laredo se compone -especialmente ahora- de muchos perfiles culturales, y quienes tienen relativamente poco en la ciudad aún acostumbran a considerar el Día de Reyes como la ocasión en que los niños reciben regalos en lugar de Navidad.

Lo que los ciudadanos en general “piden a los Reyes Magos” es que una prosperidad económica prevalezca a pesar de los retos que depare este año; pero encima de eso, seguridad, pues de ésta se desprenden muchas otras cosas derivadas de la estabilidad que representa y del concepto.
El año comenzó con un percance considerable cada día; los primeros minutos del 2019 una dama que festejaba “New Year” en el patio de su casa, justo en el momento en que las detonaciones estaban en su apogeo, recibe una bala perdida en una mano.

El 3 de enero fue en verdad trágico, pues un caballero de 31 años pedía ayuda a gritos desde su habitación en llamas en la colonia Nuevo Progreso, apenas tenía 2 semanas rentando ahí porque venía de Michoacán, a pesar de que no había sufrido quemaduras, la inhalación del humo tuvo consecuencias fatales en su organismo, falleció en la escena.

La madrugada del viernes un niño de 11 años que jugaba con cuetes prácticamente se voló cuatro dedos cuando le explotó la pirotecnia; este caso tiene una serie de cuestionamientos muy lógicos, como ¿qué hacía un niño literalmente “jugando con fuego” en la madrugada?

El caso más reciente no involucró el descuido de algún padre o madre para con sus hijos, sino que trata de una muy mala obra realizada en una plaza pública municipal, algo que derivó en que una pesada mesa de concreto -relativamente nueva- se desprendiera para caer encima de la manita de un niño de 5 años.

El menor estaba correctamente sentado en la banca, su madre no pudo evitar el percance cuya responsabilidad recae en la mala obra pública.
Está también el caso de un niño que experimentó la explosión de pirotecnia muy cerca del rostro, uno de sus ojos con riesgo de perder la vista.

Estamos hablando de dos menos al borde de experimentar amputaciones y uno de quedar sin visión en un ojo, algo con lo que deberán cargar el resto de sus vidas, todo por una negligencia directa o indirecta.