El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

5 agosto, 2020

‘¡Castigo de Dios!’



“¿Es el Covid 19 un castigo de Dios?”. Esta pregunta me la han hecho algunas personas ante la situación que nos está tocando vivir en estos días. Y no me cabe duda que esa es la interpretación que muchos han hecho con ello. Sólo basta ver a nuestro pasado. Cuando ocurría un desastre natural o un conflicto armado eran interpretados como el enojo de una deidad por algo que hicimos mal, y que había que realizar un acto de expiación para que el castigo fuera levantado.

Hay quienes afirman que nuestro planeta se ha revelado en nuestra contra, como si fuera un ser pensante. Sin embargo, muchos de estos desastres, se han derivado de nuestra manera de ver la naturaleza… y a los demás. El terrible abandono en que han muerto algunas personas, no ha sido obra de la casualidad: es fruto de nuestras decisiones. Siempre es más fácil culpar a una deidad o a la mala suerte que aceptar nuestra responsabilidad y, más aun, realizando acciones que reparen el daño.

En abril pasado, el Papa hacía la siguiente reflexión:

“Estamos hechos de materia terrestre y los frutos de la tierra sostienen nuestra vida. Pero, como nos recuerda el libro del Génesis, no somos simplemente ‘terrestres’: también llevamos en nosotros el soplo vital que viene de Dios. Vivimos, por lo tanto, en la casa común como una única familia humana y en la biodiversidad con las demás criaturas de Dios. Como imagen de Dios, estamos llamados a cuidar y respetar a todas las criaturas y a sentir amor y compasión por nuestros hermanos y hermanas, especialmente los más débiles, a imitación del amor de Dios por nosotros, manifestado en su Hijo Jesús, que se hizo hombre para compartir con nosotros esta situación y salvarnos.

“Por egoísmo hemos fallado en nuestra responsabilidad como custodios y administradores de la tierra. Basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común. La hemos contaminado, la hemos saqueado, poniendo en peligro nuestra misma vida. Por eso, se han formado varios movimientos internacionales y locales para despertar las conciencias. Aprecio sinceramente estas iniciativas, y todavía será necesario que nuestros hijos salgan a la calle para enseñarnos lo que es obvio, es decir, que no hay futuro para nosotros si destruimos el ambiente que nos sostiene.

“Hemos fallado custodiando la Tierra, nuestra casa-jardín y custodiando a nuestros hermanos. Hemos pecado contra la Tierra, contra nuestro prójimo y, en definitiva, contra el Creador, el Padre bueno que provee a cada uno y quiere que vivamos juntos en comunión y prosperidad. ¿Y cómo reacciona la Tierra? Hay un dicho español que es muy claro al respecto y dice así: ‘Dios perdona siempre; nosotros, los hombres, perdonamos algunas veces sí, algunas veces no; la Tierra no perdona nunca’.  La Tierra no perdona: si nosotros hemos deteriorado la Tierra, la respuesta será muy contundente.

“¿Cómo podemos restaurar una relación armoniosa con la Tierra y con el resto de la humanidad? Una relación armoniosa… Muchas veces perdemos la visión de la armonía. También en la casa común, en la Tierra, también en nuestra relación con la gente, con el prójimo, con los más pobres, ¿cómo podemos restaurar esta armonía? Necesitamos una nueva forma de ver nuestra casa común.
“Entendámonos: ésta no es un depósito de recursos que explotar. Para nosotros los creyentes, el mundo natural es el ‘Evangelio de la Creación’, que expresa la potencia creadora de Dios para plasmar la vida humana y hacer que el mundo exista junto lo que contiene para sostener a la humanidad. El relato bíblico de la creación se concluye así: ‘Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien’. Cuando vemos estas tragedias naturales que son la respuesta de la tierra a nuestro maltrato, yo pienso: ‘Si ahora le preguntase al Señor qué piensa, no creo que me dijera que todo está muy bien’. ¡Hemos sido nosotros los que hemos arruinado la obra del Señor!”.

Hasta aquí lo que ha dicho el Papa y una buena pregunta para responder sobre la calidad de respuesta que hemos tenido ante esta situación. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

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