El Mañana

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Río Revuelto

Chavo y ruco

10 noviembre, 2019

Con cierta frecuencia escuchamos historias de personas que
residen en la periferia de la ciudad que fallecen al no recibir atención médica
oportuna o en su defecto no llegar a tiempo a un hospital y en su mayoría estos
tiempos de respuesta y traslados obedecen a la distancia que a su vez tiene que
ver con la mala distribución o falta de hospitales de la localidad.

Recientemente hemos visto casos de niños pequeños que viven
en sectores como Los Artistas, Naciones Unidas, etcétera, al verse en situación
de emergencia la primera reacción de los padres es llevarlos a toda velocidad a
la subestación de Bomberos número 5, lugar en el que si bien hay unidades
equipadas y paramédicos, no es un centro médico, sino una base desde donde
parten los vehículos de respuesta.

Quienes residen en los sectores antes mencionados se
encuentran de 16 a 25 minutos (8 a 13 kilómetros) de poder llegar a un hospital
público, eso si el tráfico está moderado y agregarle a esto el tiempo en que
llega la ambulancia al lugar, lo que suma 15 minutos adicionales; al final,
desde que se realiza la llamada hasta que el paciente llega a un hospital para
recibir la atención médica pasan -en Nuevo Laredo- al menos 40 minutos o más,
lo que en muchas ocasiones cuesta la vida a las personas.

En los últimos tres meses, igual número de niños han sido
llevados a la Subestación 5, cuando ya no hay mucho por hacer, estos infantes
quedaron sin vida ahí.

Los tiempos de respuesta y la falta de clínicas en el
extremo poniente de la ciudad son la mortal combinación que tiene que se reduce
a las distancias y mala o poca distribución de las subestaciones y hospitales,
pues un gran segmento de la población queda desprotegido y en mayor riesgo -que
quienes viven en el Centro- de morir en caso de accidente o situación
extraordinaria de salud.

Cada temporada de frío el sector más desprotegido de la
ciudad registra algunas historias tristes, ayer don Gilberto lo perdió todo,
luego de que con el descenso de temperatura quiso mitigar el frío con una
lumbrita al interior de su modesto domicilio en la colonia Américo Villarreal;
su casita quedó reducida a cenizas.

Afortunadamente vivió para contarlo, pero no siempre es así,
pues esto ocurre con frecuencia y en ocasiones deriva en la muerte de los
ocupantes del domicilio por asfixia o incluso las quemaduras del incendio que
se llega a generar.

Medio Nuevo Laredo de treintaytantos hacia arriba estuvo la noche del viernes en la Sames Auto Arena para presenciar el -presunto- último 90’s Tour, un evento que evidenció un curioso fenómeno cultural.

Quienes se encontraban con sus amigos se decían que andaban ahí “chavorruqueando”, algunos se sintieron jóvenes de nuevo por tres horas al escuchar los éxitos de sus grupos favoritos, mientras que otros se sintieron un poco mayores al percatarse de que la música que escuchaban tenía sus 25 años o más.