El Mañana de Nuevo Laredo

Alberto Guerra Salazar

Crónicas Políticas

Alberto Guerra Salazar

17 octubre, 2020

Cienfuegos, cierran la pinza sobre cabeza de Peña Nieto



La aprehensión en Estados Unidos, del exsecretario de la Defensa Nacional en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, causó un revuelo inédito por tratarse del exfuncionario de más alto rango que pisa la cárcel.
Es cierto que Rosario Robles Berlanga también fue titular de una cartera en el Gabinete presidencial, Sedesol, y también está privada de la libertad, pero no tiene comparación ni relevancia política frente al que fuera jefe de las fuerzas armadas.
¿Por qué?, por la sencilla razón de que la Sedena tiene la fuerza potencial de deponer al Presidente de la República mediante diferentes procedimientos, el más radical y extremo, es el Golpe de Estado.
El Ejército mexicano tiene una tradición histórica de lealtad, pero exacerbada por motivos románticos y para adornar los libros de texto. Victoriano Huerta, El Chacal, asestó un cuartelazo para quitar la vida a Francisco I. Madero y suplantarlo en la Presidencia de la República, en 1913.
La detención de Santiago Cienfuegos se dio a petición de la DEA y está centrada en su presunta relación con el crimen organizado.
El militar tiene 70 años de edad y es originario de la Ciudad de México, concluyó su encargo como titular de la Sedena el 30 de noviembre de 2018.
Esta es la primera vez que un militar de tan alto rango es detenido por autoridades de Estados Unidos y sería la primera ocasión que un extitular de la Defensa Nacional es aprehendido a petición de la agencia antidrogas de esa nación (DEA, por sus siglas en inglés).
Durante el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), circularon versiones que señalaban que su secretario de la Defensa, Juan Arévalo Gardoqui, tenía nexos con grupos del crimen organizado.
Los casos más relevantes de sociedad con grupos dedicados al narcotráfico que ha involucrado a generales y han llegado a sentencias condenatorias son los instruidos en contra de Jesús Gutiérrez Rebollo (detenido y enjuiciado durante el gobierno de Ernesto Zedillo), los generales Arturo Acosta Chaparro Escapite y Antonio Quiroz Hermosillo, ambos llevados a juicio por vínculos con el Cártel de Juárez en 2002.
Lo más notable en el caso de la aprehensión de Cienfuegos, es que se trata del tercer exfuncionario que cae no obstante su alto nivel durante el sexenio de Peña Nieto, lo que puede interpretarse como una maniobra que desembocará en el encarcelamiento del propio expresidente de México.
Están presos Rosario Robles por la Estafa Maestra, y Emilio Lozoya Austin, exdirector general de Pemex, por el caso de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht, donde por cierto está involucrado Francisco García Cabeza de Vaca en sus tiempos que cobraba como senador de la República.
Por tratarse de tres exfuncionarios del más alto nivel –Rosario, Lozoya, Cienfuegos-, resulta imposible de creer que su jefe de entonces, el presidente Enrique Peña Nieto, no supiera de sus comportamientos.
Está documentado que Cabeza de Vaca exigió entre 2013 y 2014, él y otros legisladores del PAN, sobornos a Lozoya Austin, a cambio no sólo de dar su aprobación a la propuesta de reforma energética, sino para no sobornarla.
El nombre completo de Cabeza y de sus cómplices de bancada azul, están consignados en un texto de 60 páginas, donde Lozoya denuncia ante la Fiscalía General de la República, la extorsión de la que fue víctima.
Sin embargo, la Fiscalía no ha iniciado, que se sepa, la carpeta de investigación como lo manda la ley, para llamar a cuentas al exsenador Cabeza de Vaca.
Peña Nieto autorizó que su entonces secretario de Hacienda Luis Videgaray Caso diera dinero oficial a Cabeza y sus colegas extorsionadores del Senado, cuando Lozoya agotó la cartera donde había depositado los sobornos dados por Odebrecht.
Es decir, el expresidente siempre estuvo enterado de los malos manejos financieros desde que andaba en campaña, pues Videgaray recolectaba el dinero que pedían a empresarios, mexicanos y extranjeros, a cambio de futuros favores.
Volviendo con la aprehensión de Santiago Cienfuegos, es raro que no hay en México ninguna investigación en su contra.
Los observadores tejieron la hipótesis de que el General era muy discreto y que no hacía ostentación de riqueza, pero que sus relaciones peligrosas afloraron en las declaraciones judiciales vertidas, por separado, por delincuentes confesos.
Hablamos de El Chapo y de Genaro García Luna, procesados en Estados Unidos, y que habrían mantenido relaciones con Cienfuegos en el tráfico de estupefacientes, delatándolo ante esas autoridades.
García Luna fue secretario de Seguridad Pública en el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa, en tanto que Cienfuegos fue el titular de la Sedena en el gobierno anterior, del priista Peña Nieto.
¿Cómo podría el gobierno mexicano contener los embates de los delincuentes, si tenían la protección de los más altos funcionarios? Se preguntan con sorna los ciudadanos, cuya prensa siempre manejó la connivencia entre ambos.
Todo el sistema de seguridad y justicia del Estado mexicano estuvo podrido durante sexenios, de allí la titánica labor que dice estar haciendo el gobierno federal de extracción Morena, para extirpar el fenómeno de la corrupción.
Pero para que los ciudadanos otorguen su confianza al gobierno de López Obrador, y crean en la sinceridad de su cruzada, debe producirse cuando menos la medida trascendental de ir por Peña Nieto.
Cuando lo sienten en el banquillo de los acusados, AMLO legitimará definitivamente su gobierno porque Peña Nieto es la encarnación de la corrupción y no merece ninguna consideración.
Menos cuando anda de novio internacional, disfrazado de hippie y disfrutando de la vida, como si no hubiera arruinado a todo un país.

Más opiniones de
Alberto Guerra Salazar