El Mañana de Nuevo Laredo

Catón

De política y cosas peores

Catón

14 marzo, 2019

Cinco rosarios de 20 misterios



“¿Eres virgen?”. Simplicio, joven varón sin ciencia de la vida, le hizo esa pregunta a Pirulina, muchacha sabidora, al empezar la noche de sus bodas. Con otra interrogación respondió ella: “¡Ay, Simpli! ¿En momentos como éste vas a ponerte a hablar de religión?”… La señora le dijo a su marido: “Nuestro hijo cumplió ya 16 años. Es necesario que platiques con él acerca de la cuestión sexual”. El marido obedeció a su esposa -todos lo hacemos- y se encerró en su estudio con el crío. Tardó más de una hora en salir. Cuando por fin hizo su aparición le preguntó la señora: “¿Hablaste con él de sexo?”. “Sí -replicó él-. Aprendí mucho”… En la merienda de los jueves comentó doña Jodoncia: “Antes de venir aquí le serví a mi marido una comida de siete platillos”. “¿De veras?” -se admiraron las señoras. “Sí -confirmó ella-. Le dejé sobre la mesa una pizza y un six de cerveza”… El padre Arsilio estaba confesando a uno de sus feligreses. Le preguntó: “¿Vas con mujeres malas, hijo?”. “Sí, padre” -contestó el sujeto. Sentenció el buen sacerdote: “De penitencia rezarás cinco rosarios de 20 misterios”. “Pero, señor cura -se azaró el tipo-. ¿No le parece demasiada penitencia por un solo pecado?”. “No te impongo la penitencia por pecador -replicó el párroco-. Te la impongo por tarugo. Vas con mujeres malas, habiendo tantas que están tan buenas”… Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, viajó a oriente en compañía de don Sinople, su marido. A su regreso invitaron a sus amistades a una cena para mostrarles las 2 mil fotografías que habían tomado en el periplo. A uno de los invitados le llamó la atención no ver entre las fotos ninguna que mostrara una pagoda. Le preguntó a don Sinople: “¿No vieron pagodas?”. Respondió él bajando la voz: “Le pregunté por ellas a un botones del hotel, pero estaban demasiado caras”… Dos jóvenes gays vivían en un departamento. Uno de ellos le preguntó al otro: “¿Supiste que se divorciaron Juan y Luisa, los vecinos de al lado?”. “No me sorprende -declaró el otro-. Esos matrimonios mixtos rara vez acaban bien”… Éste era un rey que tenía una hija. Tres pretendientes aspiraban a desposar a la princesa: Ikedo el samurái, D’Artagnan el mosquetero y Pancho el mexicano. Decretó el soberano: “El más diestro con la espada obtendrá la mano de Guangolina”. Así diciendo señaló a un mosquito que revolaba por la habitación. El samurái sacó su sable y de un tajo partió en dos al insecto en pleno vuelo. Otro mosquito volaba en torno de los espadachines. D’Artagnan sacó su espada y lo partió también en dos, pero cuando los pedazos caían volvió a partir en dos cada pedazo. El rey señaló a un tercer mosquito. Fue hacia él Pancho el mexicano y le tiró un golpe con su machete ranchero. El insecto siguió volando. Pancho metió el machete en su funda y declaró orgulloso: “Ese mosco ya nunca podrá engendrar mosquitos”… La mamá de Dulciflor, muchacha en flor de edad, le comentó a su esposo: “¡Cómo ha cambiado nuestra hija! Cuando era niña la llevabas a la cama y le contabas un cuento. Ahora sus novios le cuentan un cuento y la llevan a la cama”… Se celebró entre los monos de la selva el Campeonato Mundial de Subir y Bajar Palmeras. Se trataba de escalar el tronco de una palma y descender de ella en el menor tiempo posible. Uno de los participantes se llevó fácilmente la medalla de oro; ninguno de los otros se le acercó ni de lejos en velocidad. Los reporteros le preguntaron al ganador. “¿Cómo haces para subir y bajar tan rápidamente?”. Explicó el mico: “Me casé con una jirafa, y cuando estoy gozando el acto del amor de repente me pide que le dé un besito”… FIN.

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