El Mañana

lunes, 17 de junio de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Con ene y no con ese

13 junio, 2019

En una tienda de ropa íntima para dama apareció este letrero: “¡Pantaletas Promesa! ¡No son lo mejor, pero están cerca de lo mejor!”… El curita recién ordenado iba a confesar por primera vez. Nervioso, le pidió a su párroco que observara la confesión que iba a hacer, y le dijera luego si había impartido bien el sacramento. Llegó una linda muchacha; el curita oyó sus pecados y le dio la absolución. Al terminar el rito el novel sacerdote le pidió su opinión al superior. “Vamos a ver, hijo -le dice éste-. Cruza los brazos y apoya en una mano tu mentón”. Obedece el curita. “Ahora -le pide el párroco-, di estas palabras: ‘¡Alabado sea el Señor! Prosigue’“. Repite el joven presbítero: “¡Alabado sea el Señor! Prosigue”. “Verdad, hijo -le dice entonces el párroco-, que hacer y decir eso es mejor que darte un golpanazo en la rodilla y exclamar: ‘¡No manches, güey!’. Y luego ¿qué pasó?’”… Doña Asperina, presidenta de la Liga Antialcohólica, hacía un viaje en jet. A su lado iba Himenia Camafría, madura señorita soltera. La azafata le pregunta a Himenia: “¿Le sirvo una bebida?”. “Sí -responde ella adoptando aire mundano-. Quiero un whiskey doble en las rocas”. En el asiento vecino doña Asperina frunció el ceño y otras cosas. “Y a usted, señora -le pregunta la sobrecargo-, ¿le sirvo también una copa?”. Responde con acrimonia la mujer: “¡Antes que beber licor preferiría ser violada!”. Escucha eso la señorita Himenia, le devuelve su copa a la azafata y le dice apresuradamente: “¡Yo también quiero lo mismo! ¡No sabía que podíamos escoger!”… El cuidador del parque vio a un borracho que esgrimía en la mano un llavero y que, cae que no cae, buscaba algo en las afueras del jardín. Va hacia él y le pregunta: “¿Puedo ayudarlo, señor?”. Farfulla el beodo con tartajosa voz: “¡Me robaron mi coche!”. Inquiere el guardia: “¿Dónde estaba su auto la última vez que lo vio?”. Responde el temulento: “Estaba pegado a estas llaves”. En eso el cuidador se dio cuenta de que el hombre traía abierta la bragueta -portañuela, para mis lectores en otros países de habla hispana-, de la cual asomaba algo que no debía asomar. Le dice al borrachín: “¿Ya vio, señor, lo que trae usted de fuera?”. Baja la vista el beodo y exclama consternado: “¡Cielo santo! ¡También me robaron a mi novia!”… Los monjes benedictinos, ya se sabe, han sido siempre calígrafos supereminentes. Uno de ellos estaba copiando un manuscrito antiguo, y de pronto se dio una fuerte palmada en la frente. “¡Dios mío! -profirió intensamente pálido-. ¡Era ene, no ese!”. El padre prior acudió con prontitud. “¿Le sucede algo, hermano?”. “¡Padre! -contesta el monje al mismo tiempo espantado y afligido-. ¡Todos estos siglos hemos estado equivocados! ¡La letra es ene, no ese!”. Perplejo, dice el superior: “No entiendo, hijo”. “¡Lea usted, padre; lea! -impetra con angustia el otro-. Siempre se nos ha dicho: ‘No os importe que las mujeres sean hermosas. Buscad más bien la castidad’. ¡Y en el texto original la última palabra aparece escrita con ene, no con ese!”… Los atletas de Kenia invariablemente ganan las carreras. Un periodista deportivo observó que en el momento de arrancar la carrera los entrenadores de los kenianos siempre se acercaban y les decían: “¡Simba gwana! ¡Simba gwana!”. Buscó a alguien que conocía el idioma y le preguntó: “¿Qué significa ‘Simba gwana’?”. Le informa el traductor: “Quiere decir: ‘¡Ahí viene el león!’”… El juez le pregunta al policía: “¿Por qué detuvo a esta mujer?”. Responde el gendarme: “Estaba haciendo el sexo estilo juicio por jurados”.”¿Cómo?” -se desconcierta el juzgador-. Explica el guardia: “Oral y público”… (No le entendí)… FIN.