El Mañana

viernes, 06 de diciembre de 2019

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Con un poco de hambre y frío

10 marzo, 2019

En los últimos días ha circulado una historia local que ha derivado en opiniones encontradas. Se trata de una madre de familia que tiene con mucho esfuerzo a su hijo en una escuela particular, razón por la que espera de él que lo valore y aproveche.

Recientemente al acudir por las calificaciones se percata de que sus calificaciones lo ubican como el último en su clase en la que hay 40 alumnos, por lo que se le ocurrió un castigo y -a su criterio- una forma de hacerlo valorar la educación privilegiada que recibe.

Según ella misma publicó en redes sociales -con algunas imágenes en calles de Nuevo Laredo-, el castigo ha consistido en que cada día al salir de la escuela ella en la camioneta lo sigue (y lo cuida) camino a casa mientras el niño debe recoger basura.

Este trayecto le toma 2 horas cada día; el “trato” de esta madre con su hijo es que debe juntar 30 bolsas por las que le pagará 100 pesos cada una y que de esta manera junte la colegiatura y comprenda que es más sencillo cargar una mochila de la entrada del colegio -donde lo dejan cada mañana- al salón que cargar una bolsa dos horas caminando.

Las reacciones de otros padres de familia y de la sociedad en general fueron mixtas, pues mientras algunos condenaron esta medida, otros padres consideraron que debido a que no se le sometía a algún riesgo al acudir con él en todo momento, le ayudaría a valorar la educación y los privilegios que tiene, especialmente si se toma en consideración el ejemplo de millones de niños que deben trabajar y estudiar para apoyar a sus familias y poder comer, mientras que algunos otros en condición de rezago social se enfrentan a un escenario aún peor.

En verdad vivimos una época en la que la sobreprotección de los padres con sus hijos ha dado como resultado una generación que se está privando de muchos elementos considerados básicos para una correcta crianza de un ser humano, desde su disciplina hasta las habilidades sociales y en todo esto algo -en realidad mucho- tiene que ver el uso desmedido de la tecnología y con ello las redes sociales.

Es común ver cómo hoy en día los padres al estar en público con sus hijos mientras hacen un berrinche o se muestran inquietos, se enfrentan al dilema de reprenderlos –sin utilizar la violencia obviamente- o la salida sencilla de darles una tableta o celular para que se entretengan.

Como la mayoría de las salidas sencillas, es una solución a corto plazo que no debe ser utilizada con demasiada frecuencia, pues el resultado es una adicción y dependencia de la tecnología que a su vez genera conductas antisociales, pues el menor no ve la necesidad de convivir con otras personas, incluso ni jugar como muchos adultos hoy en día recordamos de nuestra infancia.

La tecnología no es el único problema, pues también la actual generación de padres se distingue por ser mucho más indulgente que quienes nos educaron en su momento; y es que si bien no se trata de que en el hogar los padres sean generales de un regimiento ni los hijos unos soldados con estricta disciplina militar, sí se ha relajado mucho la disciplina.

La violencia no es la solución, eso debe quedar claro, pero definitivamente hay formas de disciplinar a los hijos sin maltratarlos; decía Confucio que los hijos deben educarse con “un poco de hambre y un poco de frío”, haciendo referencia precisamente a cómo la disciplina es esencial para formar el carácter de un ser humano íntegro y no alguien “chiflado” sin conciencia de su entorno.