El Mañana

viernes, 19 de abril de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

‘Cosette’

30 enero, 2019

Hablar de Morris Gilbert, es hablar de teatro. Es uno de los productores de teatro más importantes de la Ciudad de México. En una reciente entrevista, mencionaba que la relación más importante de su vida, la sostenía con su mascota “Cosette”, un ejemplar de pastor alemán de 11 años.
Y no deja de hacérseme raro, que este productor tan conocido en los medios de comunicación, no mencione a una sola persona durante la entrevista que sea importante para él, más que estos dos perros. Esta es una tendencia que se extiende cada vez más. “Mientras más conozco a la humanidad, más amo a mi perro”, es una vieja frase que no deja de mostrar el disgusto por la compañía humana y la fragilidad de las relaciones entre nosotros.
A pesar de la simpatía que millones de personas tienen hacia sus mascotas (en Estados Unidos se gasta más en comida para mascotas que en comida para bebés), pareciera que el lugar es ocupado ahora por nuestros teléfonos celulares, donde los gastos son mínimos y las diversiones, de cualquier tipo, están limitadas solamente por el humor o la falta de humor del usuario. Esto ha ocurrido de tal manera, que, en nuestro país, o en muchas partes del mundo, esta adicción parece ya irreversible.
¿Por qué nuestras relaciones se han vuelto tan superficiales? Probablemente porque pensamos que los demás no han respondido a nuestras expectativas. Pero pocas veces somos nosotros los que no nos hemos preguntado si nosotros respondemos a las expectativas de los demás.
“Son muchos los jóvenes que dolorosamente han sido seducidos con respuestas inmediatas que hipotecan la vida. Y tantos otros a quienes se les ha dado una ilusión cortoplacista en algunos movimientos y que después, sí, los hacen suficientes de sí mismos y quedan abandonados a mitad de camino. Por falta de alternativas los jóvenes se encuentran sumergidos en situaciones altamente conflictivas y de no rápida solución: violencia doméstica, feminicidios —qué plaga que vive nuestro continente en esto—, bandas armadas, criminales, tráfico de droga, explotación sexual de menores y de no tan menores, etc., y duele constatar que en la raíz de muchas de estas situaciones se encuentran experiencias de orfandad, fruto de una cultura y una sociedad que se fue ‘desmadrando’, sin madre, los dejó huérfanos.
Hogares resquebrajados tantas veces por un sistema económico que no tiene como prioridad las personas y el bien común y que hizo de la especulación ‘su paraíso’ desde donde seguir ‘engordando’ sin importar a costa de quién. Así nuestros jóvenes sin hogar, sin familia, sin comunidad, sin pertenencia, quedan a la intemperie del primer estafador.
No nos olvidemos que ‘el verdadero dolor que sale del hombre, pertenece en primer lugar a Dios’. No separemos lo que Él ha querido unir en su Hijo.
El mañana exige respetar el presente dignificando y empeñándose en valorar las culturas de nuestros pueblos. En esto también se juega la dignidad: en la autoestima cultural. Nuestros pueblos no son el ‘patio trasero’ de la sociedad ni de nadie. Tienen una historia rica que ha de ser asumida, valorada y alentada.
Las semillas del Reino fueron plantadas en estas tierras. Estamos obligados a reconocerlas, cuidarlas y custodiarlas para que nada de lo bueno que Dios plantó se seque por intereses espurios que por doquier siembran corrupción y crecen con la expoliación de los más pobres. Cuidar las raíces es cuidar el rico patrimonio histórico, cultural y espiritual que esta tierra durante siglos ha sabido “mestizar”. Empéñense y levanten la voz contra la desertificación cultural y contra la desertificación espiritual de vuestros pueblos, que provoca una indigencia radical ya que deja sin esa indispensable inmunidad vital que sostiene la dignidad en los momentos de mayor dificultad”.
Estas palabras, pronunciadas por el Papa en Panamá, deben ser una buena sugerencia para un cambio de perspectivas que nos hagan más humanos, mejores personas. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra
padreleonardo@hotmail.com

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