El Mañana

martes, 23 de abril de 2019

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Cuenta regresiva para la Guerra Sucia

12 abril, 2019

Subió una rayita más la intensidad de la guerra sucia, pues en las redes sociales -que para los partidos es un área gris dónde operar- se han creado páginas de “noticias”, pero entre sus publicaciones sólo hay material en contra de alguna de las candidatas a diputadas locales, prácticamente cada sitio se dedica a una de las candidatas en particular.

Las últimas campañas se han peleado más en las redes sociales que en debates o recorriendo la ciudad dando a conocer el proyectos, aunque lo que en verdad hace la diferencia es el trabajo de campo, aunque curiosamente el segmento que más acude a las urnas -por su propia iniciativa o no- en realidad no presta tanta atención a las redes sociales, toda vez que se conforma de personas de edad más avanzada y de sectores modestos que no siempre tienen acceso o interés en la tecnología.

El voto duro siempre ha sido el recurso por excelencia -que algunos llaman “la vieja confiable”- para ganar una elección, el cual se conforma precisamente de los sectores populares; esto fue siempre una técnica muy priista que hoy en día ha pasado la antorcha al PAN, donde más que tener la confianza de asociaciones, sindicatos y otras agrupaciones, se trata de “acarrear” el día de la elección a cuantas personas con credencial vigente puedan conseguir.

Lamentablemente, este método ha implicado siempre lucrar con la necesidad de la gente y no de ganar el voto limpiamente a través de la persuasión al presentar los mejores perfiles y proyectos.

En el despilfarro es importante que el ciudadano esté consciente de que puede tomar lo que se brinde en campaña, pues como en cada ocasión habrá camisetas, gorras, mochilas y otros bienes, pero al final uno debe ejercer el voto por quien en verdad le parezca el mejor.

Si se vende el voto por una despensa o una torta y 500 pesos, al final triunfará el mal y sólo se va a perpetuar la corrupción; debemos entender que en la crisis ese dinero será de mucha ayuda -principalmente en los sectores más necesitados de la ciudad-, pero es justamente por esta razón que la llegada de un buen gobierno se retrasa en muchas partes.

Peor aún, en muchos casos quienes realizan estas prácticas ahora llegan incluso a prestar momentáneamente celulares a los “beneficiados” para que al entrar a las urnas tomen foto de su boleta y de esta manera comprobar que su voto fue para el que “invirtió” en la compra de sufragios.

Mientras estas prácticas no se denuncien ni castiguen, no podemos esperar un cambio en nuestra comunidad; afortunadamente a nivel nacional en la última elección los partidos no pudieron ganar siquiera con artimañas la Presidencia de la República, esperemos esto se pueda extender a las diputaciones locales y eventualmente al gobierno del Estado; que en verdad “gane el mejor” y no el que más compró votos.