El Mañana

martes, 25 de junio de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

De esos recuerdos, quince minutos antes

13 marzo, 2019

La indicación era para todos, el acarrear la tina con agua, limpiar la vieja mesa de madera eran labores que a nadie gustaba, pero existía una tarea que a todos atraía, entonces, quienes llegaran primero y más trabajaran eran los que la realizarían, por lo que se procuraba el acudir, de esos recuerdos, quince minutos antes.

De aquel imponente señor, nadie, absolutamente nadie quería provocar su enojo ni por un instante, pues como padre sí que era amoroso, pero en su oficio no permitía errores, ni mucho menos juegos, al ser de esos recios jefes familiares nacidos a principios del siglo pasado, por lo mismo arrastrando de esos tiempos viejas y arraigadas costumbres.

Pelar las papas, cocerlas, molerlas y echarles sal era casi una labor más que aprendida, el acudir a la “Gota de agua” por la masa toda una aventura, roja o blanca, era de esos empleados por siempre la pregunta.

Entre todo el ajetreo regularmente la jefa de la casa preparaba la salsa, cortaba acompañada de las jovencitas el repollo, tomate y todo junto en recipientes era cuidadosamente acomodada.

Después, la aparente calma llegaba, la concentración, el arte de ese oficio se hacía presente, al ser del padre de familia la actividad principal, embarrar la papa y enrollar la tortilla con una sola mano, las que se iban acomodando en esa gran holla a baño María; aprender ese truco, obtener esa habilidad, de todo eso era lo que realmente a los chiquillos atraía.

El triciclo ya estaba listo, el blanco delantal y su gorro daban ese toque que transformaba a ese jefe familiar en ese artesano taquero y posteriormente en todo un comerciante, por lo mismo afuera de los cines y frente a la principal plaza sus taquitos “volaban” casi al instante.

Queda claro que el tener un oficio, en verdad que es muy satisfactorio el saber que lo solicitan, al conocer que lo desarrolla absolutamente bien, entonces el taquero, el carpintero, el herrero, el albañil, plomero, todos poseen ese arte en su trabajo, por lo mismo muchos hijos e hijas emulan las labores de sus raíces familiares, perfeccionándolos, adecuándolos a los tiempos modernos.

Aprovechando y por qué no, que, gracias a esos conocimientos aprendidos, disciplinas inculcadas desde que eran niños o niñas, y aun con muchos o pocos estudios, ese talento fluye, pues nunca se olvida, por lo mismo se grita a los cuatro vientos y con mucho orgullo: yo soy la herencia de mi sangre, porque mi padre era un panadero, ¡y de los grandes!