El Mañana

domingo, 15 de diciembre de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

De migrantes

29 junio, 2019

Si somos justos, legales y apegados a la historia, ambos Laredos fueron fundados por migrantes, o sea que somos descendientes de migrantes. Muchos de ellos, eran judíos sefarditas que abrazaron la fe católica para poder subsistir en España y al no tener tierras ni futuro se lanzaron a la aventura de venir al nuevo continente, bueno, nuevo para ellos, para nosotros era bastante conocido. Todas las tierras buenas, las fértiles, las de buen clima y abundantes lluvias, ya estaban ocupadas; sólo quedaban éstas en el árido noreste, en la Costa del Seno Mexicano, el Nuevo Santander y aquí llegaron y fundaron la Villa de San Agustín de la que luego en 1848, se desprendería el Nuevo Laredo.

Por eso no es raro que las costumbres y tradiciones nuestras no tengan similitud con las del centro y sur del país, incluso, físicamente hay grandes diferencias pues aquí no había indígenas y los que había, eran diferentes a los del centro, eran más altos, de piel cobriza y fueron indómitos. El pueblo se mantuvo más o menos homogéneo, hasta la llegada de las maquiladoras que requerían mucha mano de obra y atrajeron a miles de migrantes del sur, sobre todo de Veracruz y San Luis Potosí por su cercanía, pero también de otros estados.

Antes todos nos conocíamos, éramos gente hospitalaria, generosa y sobre todo solidarios, ya he comentado que gracias a la solidaridad pudimos sobrevivir en estas inhóspitas tierras, sólo juntos y unidos podríamos defendernos de los ataques de los apaches y otras tribus, sólo en grupo podíamos sacarle fruto a estas magras tierras. Todo trabajo era grupal; si había boda, todas las señoras se juntaban para elaborar la comida, ya fueran sándwiches de ensalada de pollo con sopa de coditos y de papa o el tradicional mole con arroz. Los señores habilitaban la enredadera para dar sombra, este es un ejemplo de nuestras costumbres, ahora ya perdidas.

El cabrito y la carne asada con las tortillas de harina, son otro signo de nuestro antepasado sefardí, sólo en el norte lo comemos y es parte de nuestra tradición; sin embargo, cuando empezaron a llegar migrantes del sur, la mayoría adoptó esta costumbre e hicieron su asador; mas no, otros hábitos y costumbres como la de barrer el frente de la casa. Pese a todo, aceptamos la llegada de tantos migrantes y nos acostumbramos a ellos, aprendimos a comer tamales en hoja de plátano, el plátano macho, los frijoles negros y los deliciosos huevos veracruzanos. Este es un ejemplo muy simple de cómo la migración produce el desarrollo de la cultura al adoptar rasgos culturales ajenos a los nuestros.

Hago este largo prolegómeno para analizar qué es lo que nos está pasando con el problema de los migrantes de Centro América y de África, no entiendo el porqué de este desprecio, nunca fuimos xenofóbicos; sin embargo, ahora no nos estamos portando como buenos cristianos, manifestamos un profundo desprecio contra estos hermanos en desgracia, olvidamos que cuando le dimos de comer al hambriento, cuando vestimos al harapiento, cuando le dimos de beber al sediento, lo hicimos con Jesús. ¿Acaso ya olvidamos el evangelio?

El Presidente Trump ha hecho de la xenofobia su cartel de publicidad para su reelección, mantiene su política de odio contra todo migrante, los acusa de todo lo peor, para él todos son terroristas en potencia, delincuentes en ciernes. Esa actitud tan nefasta le es aplaudida por quienes piensan igual que él, pero nosotros no somos así, ni vamos a votar por él. Debemos mantener nuestra tradición hospitalaria y recibir con los brazos abiertos a quienes han caído en desgracia y se ven obligados a migrar, decisión nada fácil y demasiado riesgosa. Si las dolorosas imágenes del joven padre salvadoreño con su hija de escasos 23 meses, arrojados en el río Bravo, no nos enternecieron y nos movieron las fibras más sensibles de nuestro ser. Entonces habrá que revisarnos, algo en nosotros está mal, perdimos nuestra condición de humanos.

Le ruego estimado lector, reflexione en torno a este problema, pronto se nos va a agudizar y requeriremos del apoyo y ayuda de todo el pueblo. Le deseo un espléndido fin de semana en familia; déle gracias a Dios que no tiene que migrar.

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Obligado: Evo