El Mañana

martes, 12 de noviembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

De Nuevo Laredo el más elegante

2 octubre, 2019

En reuniones familiares de antes, una de las inquietudes que los hijos e hijas le externaban a la madre, era el saber eso que la hizo enamorarse, la señora ante ese osado cuestionamiento se sonrojaba, tímidamente y con voz baja contestaba, de su padre, tan sólo fue un detalle que hacía que lo viera, por lo mismo lo considerara de Nuevo Laredo el más elegante.

Recorrer las calles y avenidas de ese anterior Nuevo Laredo, era como ir viendo, adivinando las costumbres y cualidades de cada persona, de sus ciudadanos, así uno a uno se plasmaban ante la mirada como esos seres únicos, especiales que en ocasiones sorprendían y en otras eran de admirarse.

Los neolaredenses, tanto jóvenes como señores de hace cinco décadas eran en su mayoría más conservadores, de cierto modo penosos, el cuidado personal no iba de la mano de la moda, pues en esta frontera ésta no se difundía tan rápido, sino como ese resultado de no ser criticado, a donde fuera mal juzgado.

Entonces el adulto nunca desentonaba, ni se “acomodaba” a la moda de los jóvenes al haber ya pasado esa etapa, por lo mismo y aunque algo ya desgastado, un saco, una camisa y una corbata era esa indumentaria necesaria, acompañada de ese inseparable sombrero de ala ancha para sentirse cómodo ante las miradas.

Los jóvenes trataban de imitar lo que muy poco se alcanzaba a ver a través de los medios de comunicación como esas escasas televisiones en los hogares, cine, o esas retardadas revistas de espectáculos o novelescas que se adquirían en la plaza Hidalgo.

Estas costumbres por supuesto que generaban esa exageración al vestir, originando de igual modo ese sello y muy personal al caminar por las avenidas y calles de esta ciudad, agregarse ese detalle que lo hiciera único, que llamara la atención, que la gente lo volteara a ver.

En consecuencia, ese caballero de alta escuela, se paraba en la esquina de González y Guerrero, justo en la plaza demostrando su estilo, luego metía su mano derecha en la bolsa de su camisa, las mujeres por supuesto no podían evitar de reojo mirarlo, de ahí sacaba su cajetilla de cigarros “Fiesta”, de su bolso del pantalón sus cerillos, de inmediato encendía con una elegancia aquel aromático tabaco, cruzándose de brazos fijando su vista al infinito.

Una gruesa cadena con una medalla daba esa deseada distinción y personalidad a todo joven que la portara, accesorio que combinaba con esa peculiar forma de vestir o caminar, de las jóvenes atraía de inmediato su atención, era como ese gancho, como esa invitación o permiso para charlar o a esa discreta señorita cortejar.

Esos detalles enamoraban a las jóvenes de antes de esta frontera, esas cualidades hacían más interesantes a los jóvenes y caballeros de esta ciudad.

Este era el Nuevo Laredo que emergía en la década de los años sesentas, setentas, ese era el tipo de gente que habitaba esta frontera, estas eran sus costumbres, ¿así lo recuerda usted?