El Mañana de Nuevo Laredo

Paloma Bello

Apuntes desde mi Casa

Paloma Bello

15 noviembre, 2020

De usurpaciones y plagios



Una de las investigaciones más fascinantes para un escritor es la que transcurre dentro del tema del plagio, por exhaustiva e interminable. Es frecuente encontrar acusaciones acerca de personalidades en el mundo del arte, la literatura, la música, la ciencia, que han plagiado algo o se consideran plagiados en algo.
El Diccionario de la Real Academia Española define: Plagio.- Acción de copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. Al respecto, el Diccionario de María Moliner asienta: Plagio.- Hecho de copiar o imitar fraudulentamente una obra ajena, particularmente una obra literaria o artística.
Probablemente la interpretación más puntual, en el terreno legal, la proporcione la Universidad de Alcalá, Madrid, España: “El plagio es usar el trabajo, las ideas, o las palabras de otra persona como si fueran propias, sin acreditar de manera explícita de donde proviene la información.(…) Por eso, el plagio es una infracción del derecho de autor sobre una obra de cualquier tipo, que se produce mediante la copia de la misma, sin autorización de la persona que la creó o que es dueña o que posee los derechos de dicha obra, y su presentación como obra original.”
En la historia de la literatura, se registran innumerables situaciones en las que habría que discernir si fueron plagio, usurpación, influencia, homenaje o coincidencia.
Uno de los casos más resonados, es el de William Shakespeare. Desde principios de su carrera como actor de teatro ambulante, se sabe que iba recogiendo el sentir del público y en el camino escribía obras dirigidas al gusto popular.
Sin embargo, en nota de Rosana Torres para el periódico El País, en 1995, el catedrático Manuel Ángel Conejero, presidente de la Fundación Shakespeare de España, menciona: “William Shakespeare no era un escritor, era un genial carpintero del teatro, un actor que copió y plagió maravillosamente de los textos que había en su época, al tiempo que escribió obras deleznables y es dudoso que los textos que manejamos sean realmente de él…, ya está bien de adorar al santo”.
Algunas de sus obras son atribuidas a poetas y escritores contemporáneos suyos, como Christopher Marlowe (Ricardo III), Thomas Sackville (Rey Lear), Sir Francis Bacon (La comedia de las equivocaciones). O un Hamlet  inspirado en Amleth, escrito por Saxo Grammaticus, historiador danés (1160-1220).
La leyenda de Los amantes de Teruel, del siglo XIII, acaso haya sido fuente para Masuccio Salernitano (1410-1475): “Mariotto y Giannozza”, derivadas en Romeo y Julieta, de Shakespeare (1564-1616) y en “Castelvines y Monteses”, de Lope de Vega (1562-1635).
Don Juan Manuel escribe entre 1331 y 1335, El Conde Lucanor, libro que incluye 51 cuentos. En el orden 35 se encuentra “Lo que sucedió a un mancebo que casó con una muchacha muy rebelde”. Bajo el mismo argumento, Shakespeare elabora La fierecilla domada, entre 1590 y 1593. – Siglos después, Alejandro Casona publica en España, el “Entremés del mancebo que casó con mujer brava”, en 1935.
Una de las causas de duda aplicadas a la verdadera identidad de Shakespeare, obedece a su origen humilde, privado de formación académica que le permitiese un lenguaje cultivado, la diversidad de géneros en sus escritos, y pulida prosa poética.
Es imposible eliminar de la inmortalidad, lo que está escrito bajo el nombre de William Shakespeare. Si fue él, o varios otros autores conocidos y desconocidos quienes repercutieron tramas anteriormente abordadas, no se puede negar la importancia de su invaluable legado y el esplendor de sus líneas.
A cuatrocientos cuatro años de su muerte, seguimos disfrutando a través del Globe Theatre of London, en su transmisión por el canal Film and Arts, el repertorio de comedias y tragedias con los más célebres actores británicos. Poco importa quién o quiénes hayan sido los autores genuinos. Las emanaciones de lo aceptado como universo shakespeariano hacen vibrar el intelecto y el espíritu, por la belleza en la expresión de su trascendental pensamiento.
Mérida, noviembre 14 de 2020

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